Martes  23 de Mayo de 2017 | Última actualización 09:35 PM
Antes de que lleguen los inciensos
Por: JULIO ALVARADO | 7:42 PM

A Gabriel G. M.

Los muertos no están muertos, los vivos también.
Amarillo el luto, cierra catedrales de lágrimas:
nostalgias del mañana, antes de ayer meridiano.

Indocumentado y triste, casi alegre,
los muertos te miran sin envidia
y lloro recuerdos nuevamente,
al final de los colores y sus dolientes…

Partir a cada instante es sumar eternidades,
soplo de vida en la magia de un mago retirado al paraíso,
compitiendo aguaceros y murmullos de besos,
ojos de perro azul en una jaula de peces,
peces rotos en una jaula de terror.

Mientras pasaba el tren de la infamia, guiñaste un ojo avizor,
y se alzaban los machos y hembras
a conquistar quebradas, caminos mojados de sangre,
para sembrar dignidades y compasiones…

Regresaste de la muerte y ya no mueres.

Regresaste de la vida porque te quedas aquí;
el meñique que eternamente desangraba
hasta llenar el mar que no inventaste,
en tus soledades cubierta de multitudes y guayaberas…

Desfilan solitaria la muerte y su luna
desfila solitario tu ataúd menguante…
porque solo es pasar otra página más, otra página menos
y los ojos brotados de asombros y bigotes…
como ante un tío bueno que parte en un barco mañanero
se alza un pañuelo invisible y se me ocurre
que mañana no estarás
y seguirás siendo feliz…

Julio Alvarado
19 de Abril, 2014-04-19
Ciudad de Nueva York.

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