Jueves  30 de Marzo de 2017 | Última actualización 10:38 AM
Pac-Man 1984
Por: ELÍAS BORTOKÁN | 2:41 PM

(Cuento)

Los ojos de Bryan estaban más brillosos que las luces que emitía la gran pantalla Arcade. Sus dedos se movían veloces al compás de los destellos radiantes. La sala de videojuegos estaba cubierta por una inmensa alfombra roja y el techo tenía unos paneles de luz espectaculares, y además de todo aquello Don Adams había colocado un discreto emisor de humo, que propiciaba un ambiente sacado de una novela de ciencia ficción.

Las monedas de veinticinco centavos escaseaban en la ciudad. Los chicos y chicas de la Gran Sala eran sus guardianes más celosos. PAC-MAN estaba justo en el centro, al lado de GALAXIAN, su hermano. Las mentes jóvenes yacían cautivas entre chispas radiantes y algunos tragos ocasionales de Coca-Cola y bocadillos de pequeños sandwiches de jamón y queso.

Bryan llegó a completar el circuito del juego. Su nombre iba a aparecer en el lugar número 1, reservado para los inmortales de la Gran Sala. La euforia recorrió su menudito cuerpo de los pies a la cabeza. Luego de unos minutos se percató de que su presencia en la Gran Sala jamás sería la misma. Puso sus manos en sus bolsillos y se marchó para no regresar nunca jamás.

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