Domingo  23 de Abril de 2017 | Última actualización 04:08 PM
En defensa del salario mínimo
Por: Columnista de Barrigaverde.net | 8:47 AM

Recientemente, el Comité Nacional de Salarios decidió incrementar el salario mínimo para el sector privado en un 20%. Los empleados y las empleadas en empresas “grandes” estarán sujetas a un salario mínimo de RD$ 15,447.60, un incremento de RD$ 2,574.60. Los de empresas “medianas” estarán sujetos a un salario mínimo de RD$ 10,662.00, RD$ 1,812 más que el salario mínimo previo, y para las empresas pequeñas será de RD$ 9,411.60, para un incremento de RD$ 1,568.60.

El incremento es el mayor registrado desde diciembre de 2004 cuando, en medio la crisis macroeconómica y financiera que disparó el tipo de cambio y la inflación, se incrementó en un 30% para todas las categorías de empresas. Sin embargo, no se trata de uno significativamente más elevado que los registrados a lo largo de la última década.

En abril de 2007 se incrementó en 15%; en un porcentaje similar se hizo en junio de 2009. En junio de 2011, se incrementó en 17%, en junio de 2013 en 14%, y en igual porcentaje en junio de 2015. De tal forma que, aunque mayor, en términos nominales, no se trata de un aumento extraordinario.

A pesar de que los incrementos han sido periódicos y relativamente sistemáticos, pues se han hecho aproximadamente cada 24 meses, el efecto de éstos ha sido, en términos generales, evitar que el poder de compra del salario mínimo se deteriore a largo plazo.

Los salarios mínimos reales

Como se puede observar en el Gráfico 1, el comportamiento de los salarios mínimos reales, esto es, el poder de compra del salario mínimo legal para los diferentes tipos de empresas privadas, tiene forma dentada, lo que refleja el hecho de que, una vez se hace un incremento del salario mínimo nominal, la inflación empieza a “comerse” su poder de compra hasta el próximo incremento, dos años después, cuando el aumento hace retornar el salario mínimo real al nivel observado en el último aumento.

El gráfico incluye el comportamiento del salario mínimo real de las zonas francas, las cuales, a pesar de que serían empresas “grandes” bajo la clasificación que prevalece, tienen su propio salario mínimo legal, inferior no solo al de las empresas locales “grandes”, sino incluso al de las “medianas”. Este no ha sido ajustado todavía pero generalmente lo hace pocos meses después del incremento para el resto de las empresas privadas.

El resultado de ese comportamiento fue que en los ocho años y medio transcurridos entre fines de 2004 y junio de 2013, el salario mínimo real, medido a precios de 1990, se mantuvo estancado, oscilando alrededor de los mil pesos. Sólo en los últimos dos incrementos (julio de 2013 y junio de 2015) se empieza a advertir una modesta tendencia al aumento real, pero éstos apenas lo han retornado al nivel real observado en 2002. También se advierte que las diferencias entre los salarios mínimos para cada tipo de empresa se mantuvieron muy estables, lo cual se debe a que los aumentos han sido similares para los cuatro tipos.

Pero, contando a partir de enero de 2004, si los salarios mínimos no se hubiesen incrementado, el salario mínimo nominal actual hubiese sido equivalente a sólo un 38% del vigente, y su poder de compra se hubiese cortado en más de la mitad.

Las remuneraciones laborales

Una pregunta relevante es la siguiente: ¿cómo se han comportado las remuneraciones laborales reales en general? Después de todo, aunque tiene implicaciones para todos los salarios, el salario mínimo afecta directamente sólo a una parte de los asalariados, aquellos que ganan el salario mínimo o un monto cercano a éste.

La evidencia que provee la Encuesta Nacional de Fuerza de Trabajo (ENFT) del Banco Central, que recoge datos desde 2000, muestra que, después de la fuerte caída observada en 2004 en el marco de la crisis y de la recuperación en 2005, los salarios medios reales se mantuvieron estancados por casi 10 años (ver Gráfico 2).

En 2015 y 2016, se observan dos alzas consecutivas moderadas. Aunque positivo, no está claro que esto vaya a marcar una tendencia. Sin embargo, este comportamiento es consistente con dos cosas. Primero, con el estancamiento del salario mínimo real hasta 2013, con sus incrementos moderados en 2013 y 2015, con la aceleración del crecimiento a partir de 2013, y con la moderada reducción del desempleo que se ha registrado en los últimos años.

Consecuencias de los salarios mínimos

En este punto hay dos preguntas obligadas. Primero, si los incrementos en los salarios mínimos tienen un impacto positivo a largo plazo en el crecimiento de las remuneraciones laborales en general. Segundo, si, como dice la economía convencional, éstos incrementan el desempleo.

La evidencia disponible difícilmente provea respuestas inequívocas a ambas preguntas. Pero vale hacer algunas anotaciones.

Primero, los salarios mínimos no son la fuerza determinante de los incrementos sostenidos y de largo plazo de las remuneraciones laborales. Lo es el incremento generalizado de la productividad.

Subrayo la idea de incremento generalizado, lo que supone que se efectúe en un elevado número de actividades, incluyendo aquellas intensivas en empleo, en vez de en unas pocas actividades que generan pocos empleos, como ha sido el caso dominicano en años recientes. También juega un rol importante la reducción en el desempleo que frecuentemente depende del crecimiento económico.

A su vez, el incremento en la productividad depende de un conjunto de factores, tales como las habilidades de las personas y el conocimiento, la inversión en maquinaria, equipo y tecnología, y la disponibilidad de bienes públicos.

De allí que el crecimiento de los salarios reales a largo plazo y el bienestar asociado a eso dependen de cómo las sociedades logren articular esos factores y generar círculos virtuosos entre ellos.

Segundo, a pesar de lo anterior, el salario mínimo parece ser una fuerza de contención de la degradación del salario y de la desvalorización del trabajo en general, en particular del menos calificado. En ese sentido, es un factor que contribuye a moderar la inequidad.

Tercero, el salario no es un precio cualquiera sino que es uno que incide directamente en la calidad de vida de las personas y en la reproducción humana. De allí que, en general, las sociedades no toleren que sea un precio que se determine en el mercado sino que opten por fijar niveles mínimos a través de la regulación pública.

Por eso, casi todos los países del mundo cuentan con legislaciones de salarios mínimos, a la par de otras regulaciones como los límites a la extensión de la jornada laboral, el descanso, el entorno físico del trabajo e incluso la edad mínima para el trabajo asalariado. En ese sentido, el salario mínimo es una regulación más, un estándar mínimo exigido a las empresas, e igual que las otras, resulta de una lucha distributiva inevitable.

Cuarto, es cierto que los salarios son un costo y que sus incrementos pueden reducir la demanda de trabajo y el empleo. En ese sentido, se puede argumentar que en la medida en que mantiene o profundiza el desempleo, los salarios mínimos agudizan la desigualdad.

Las preguntas son qué tanto lo hacen, cuánta desocupación explican, y si hay otros factores más importantes para explicarla. Por una parte, en el caso dominicano, de acuerdo a cifras de 2012, últimas disponibles, las remuneraciones al trabajo, incluyendo los aportes a la seguridad social, representan un 20% de valor total de la producción bruta. De tal forma que, en promedio, los incrementos salariales afectan solo en esa proporción los costos de producción de las empresas.

Por otra parte, probablemente el factor más importante que explica el empleo y el desempleo es el nivel de actividad económica. En palabras sencillas, aunque los salarios sean crecientes, difícilmente una empresa deje de incrementar la producción y de contratar personal si la demanda crece y hay más oportunidades de hacer negocios.

Esa idea es consistente con la evidencia dominicana reciente: aunque desde 2013 los salarios reales, tanto los mínimos legales como los medios han crecido, el desempleo ha bajado en un contexto de alto crecimiento económico.

Por último, aun siendo el caso que los salarios mínimos induzcan a niveles más elevados de desempleo o subempleo, las sociedades pueden legítimamente optar por tolerarlos a cambio de salarios más elevados. Por supuesto, hay que reconocer que el hecho de que los ocupados tengan más voz que los desocupados, hace que el proceso político para tomar la decisión no sea equitativo, por lo que habría allí un reto para la democracia.

En síntesis, los salarios mínimos no determinan las remuneraciones laborales a largo plazo pero parecen tener un importante rol distributivo al que las sociedades no renuncian.

Y aunque puedan tener un efecto negativo sobre el empleo total, la intensidad de éste no está del todo clara, mientras que otros factores como el crecimiento parecen tener más peso. Los salarios mínimos llegaron hace décadas para quedarse. La discusión debe centrarse en cómo hacerlos más efectivos para lograr mayor justicia.

Twitter: @IsaPavel

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