Domingo  25 de Junio de 2017 | Última actualización 11:56 PM
La educacion formal base del consumo del arte
Por: JUAN TEJADA | 7:36 AM

Toda creación artística tiene como resultado un producto, que en este caso es un producto artístico. Una pieza pictórica, una obra de teatro, un musical, un libro de poesía.

Incidiendo este producto positivamente o negativamente en una economía emergente como la nuestra.

Las actividades artísticas tienen su origen en nuestro país en las escuelas de artes especializadas y no especializadas. Estas escuelas a su vez crean un producto que se concretiza en la formación que ha alcanzado el estudiante para lo que se ha invertido una enorme cantidad de recursos provengan estos o no del sector público.

El producto alcanzado es resultado de la enseñanza artística que opera de manera formal dentro del sistema educativo y otro es proveniente de las escuelas bellas artes que por su naturaleza son escuelas especializadas.

Pero, porqué el producto proveniente de las escuelas de artes especializadas no logra insertarse en el mercado laboral en nuestro país?
La población a este respecto no tiene una verdadera valoración de los distintos productos artístico

Dónde se origina está infravaloración?, pues en el sistema educativo formal.

La educación artística que se imparte en las escuelas y colegios de nuestro país se reduce a escuetas informaciones sobre las distintas manifestaciones artísticas. Nada que ver con el ejecutante de una partitura aunque esta partitura sea elemental o con la escenificación de obras como Otelo.

Sin el ejercicio de las artes este estudiante cuando ya es abogado o médico ha perdido el interés por el arte y sus productos. Y esto porque se desaprovecharon las etapas iniciales de su formación para encaminarlo a tener verdaderas experiencias artísticas.

En la experiencia artística reside en gran medida la falla de no tener una población interesada en el consumo de los bienes artísticos y no se diga también de los bienes patrimoniales.

Casi todo estudiante tiene afición por alguno de los géneros artístico ya sea poesía, cuento, novela, música, canto coral, danza folclórica, danza moderna, danza contemporánea, pintura, escultura, dibujo, artes gráficas, teatro, performance ,artes digitales, artesanía, etc.

El problema con estos géneros, haya querido el estudiante o no ser artista profesional es que en las distintas etapas de formación educativa nunca tuvo la oportunidad de manchar una tela o practicar su oratoria a través de una obra de teatro por poner dos ejemplos.

Sin esta experiencia se hace imposible la valoración de una obra de arte y luego aunque su capacidad económica le brindará la oportunidad de comprar un boleto para un concierto o comprar una escultura, sus sentimientos y emociones no lo moverán hacerlo.

Experiencia de belleza y la objetividad del arte son dos conceptos distintos y operan de manera distintas en el individuo, sin embargo a la hora de apreciar y consumir el hecho artístico deben ser integrados.

Nuestro sistema educativo solo se empeña someramente en que el estudiante sea objetivo respecto al hecho artístico en menoscabo de la experiencia artística que deja una gustosa marca indeleble de la que nunca nos separaremos. Si fuimos capaces de ejecutar una melodía cuando éramos estudiantes jamás dejaremos de sentir nostalgia por ello y la mejor manera de vivir esa experiencia es volver aunque sea como espectador a oír o ver esa pieza en la que como aficionados al arte practicamos y celebramos el arte.

El arte es objeto de celebración y casi todas las concurrencias humanas las celebramos con arte.

Para que la colectividad sea consumidora de arte debe crearse una instancia entre esta y el hecho artístico. Esta instancia debe surgir del sistema educativo formal y el sistema educativo especializado, unos serán productores y otros consumidores está instancia es la responsable de que surjan los aficionados al arte.

La objetividad del arte puede ayudarnos a desentrañar las ideas estéticas que dan razón al arte pero sin la experiencia de belleza jamás se completará el binomio a través del cual ahondaremos en una obra hasta hacerla propia y de esta convicción es que nace el consumidor y aficionado al arte. Impulsado por la experiencia de belleza seremos consientes consumidores de productos artísticos.

No podemos sustraernos del hecho de que vivimos en un país que privilegia el capital como modo de impulsar la producción de bienes, el producto artístico no está exento de las leyes que gobiernan la correspondencia entre la oferta y la demanda. Y el arte puede subsistir como otros bienes si se diseñan verdaderos lineamientos de políticas de desarrollo para este sector.

El consumidor de arte debería nacer en las escuelas y liceos porque allí es donde él debería haber participado de manera activa del hecho artístico y sin dudas se volvería en un aficionado consiente del valor de arte y de los beneficios que de él se obtienen sobretodo el de una asentada inteligencia y espiritualidad y de un bagaje cultural que le permita decodificar los símbolos que dan cohesión a la identidad de su pueblo al mismo tiempo que entender la sociedad en que vive y no solo a entenderla sino también interpretarla.

Cada cultura produce los talentos necesarios sin embargo en la nuestra no se desarrollan porque el mercado del arte no se ha desarrollado y no hay mercado sin aficionados. El aficionado es el que llena las salas de espectáculos y las galerías de artes y es el que compra una obra de arte y lo hace porque de manera espontánea en sus etapas de formación se convirtió en un aficionado al arte y gracias a esas etapas de formación también se convirtió en profesional del arte.

Toda colectividad debe aspirar a ser artífice o mejor ser artista de su propio porvenir. El futuro del arte en nuestro país se encuentra en las manos del sistema educativo especializado y formal, sin una pronta adecuación estaremos retrasando el desarrollo del arte como un bien de consumo como se ha venido retrasando ya por décadas. Nuestro Producto Interno Bruto parece que creciera cada año sin que esto se refleje en la industria del arte, es más hay quienes afirman que involucionamos culturalmente.

El arte y la cultura constituyen muros de contención ante la avalancha que amenaza con arrasar con los elementos que por siglos han dado identidad a nuestra cultura. Y no sólo que dan identidad sino que son el sostén de nuestros mejores valores. Si queremos una sociedad sin corruptos y sin delincuentes habremos de mirar al arte también y a la cultura y a un sistema educativo que sepa sembrar los más genuinos valores que dan grandeza al espíritu humano. No hay dudas de que el arte puede ser un bien de consumo como otros bienes.

“Si se quiere se puede”.

● El autor es arquitecto.

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