Domingo  22 de Abril de 2018 | Última actualización 02:02 PM
El periodismo y un premio elitista
Por: RUBEN MORETA | 3:05 PM

El Premio Nacional de Periodismo es el galardón más importante otorgado desde el año 1994, a los informadores públicos de la República Dominicana.

Este premio ha tenido un sendero elitista, que solo alcanza a mirar la labor de un encumbrado segmento de periodistas radicados en el Distrito Nacional, invisibilizando el fértil ejercicio periodístico de informadores radicados en el interior de la república.

Un reconocimiento, a través de un galardón, -con el perdón de los hipócritas-, es savia que alimenta la autoestima; es aire que insufla las ganas para continuar una labor; es espaldarazo que alienta a proseguir; es renovación de esfuerzos para continuar; es cartón de nota de aprobación colectiva a una tarea; es huella indeleble de aprobación social a un ejercicio, y es señal laudatoria que legitima y ensalza lo que las personas hacen profesionalmente. En fin, los premios son una fuente de estímulo para todos los que realizan una labor profesional u oficio.

En la República Dominicana los medios de comunicación, salvo excepciones, desdeñan el quehacer de los pueblos del interior del país. Los grandes medios solo dan espacios a las noticias sangrientas y negativas de los pueblos lejanos. Episodios horrorosos que de forma esporádica pueden darse en las comunidades apartadas, son cazados por la televisión o los periódicos, para explotar el morbo.

En las páginas de los periódicos dominicanos se prefiere dar gran cobertura, por ejemplo, a las riquezas naturales de otros países, a las estampas culturales extranjeras o a la gastronomía foránea. Todo el valor y acervo identitario dominicano es excluido de los grandes medios de comunicación.

Pasa lo mismo con el ejercicio profesional. En todas las áreas profesionales en el interior del país sobresalen talentosos expertos: médicos consagrados, ingenieros y arquitectos brillantes, profesores dedicados, abogados afanosos, periodistas aquilatados, entre otras luces.

Para ilustrar una fecunda labor en el área de la comunicación social, digna de ser enaltecida, solo basta mencionar el singular trabajo de Casandro Fortuna Sánchez, connotado periodista sanjuanero, con cuarenta años de ejercicio, con méritos sobrados para recibir el Premio Nacional de Periodismo, y que nunca ha sido siquiera mencionado para recibirlo.

En Casandro tenemos a un hombre dedicado al ejercicio intelectual: periodista, escritor, cineasta, diplomático, poeta, cuentista, catedrático universitario, director de medios y sobre todo, un ser humano y ciudadano de moral acrisolada.

Es tiempo de re direccionar la mirada hacia el interior del país, especialmente la provincia de San Juan, donde, desde EO Garrido Puello y su periódico El Cable, se ha producido un aquilatado ejercicio periodístico.

Además de Casandro Fortuna, otros periodistas sanjuaneros brillantes vivos, merecedores del premio nacional, podrían ser Don Luis Jiménez, Manuel Espinosa Rosario, Rafael Emilio Reyes Pineda, Víctor Ramón Piña Campora, Piter Pablo Mateo, entre otros.

En fin, me molesta que a los sanjuaneros y a los profesionales del interior del país, se nos invisibilice.

El autor es Profesor UASD.

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