Jueves  12 de Diciembre de 2019 | Última actualización 07:59 AM
Haití y República Dominicana
Por: LUIS RAMON DE LOS SANTOS F. (Monchín) | 7:11 PM

Tal parece que no nos estamos dando cuenta o que el tráfago de la política vernacular no lo permite, las ocurrencias de Gonzalo y el vedettismo de Leonel nos han colocado una peligrosa venda ya no en los ojos fisicos, sino en la conciencia, del peligro que se nos avalanza con carrera indetenible. Me refiero a la situacion de Haiti, infortunadamente nuestro vecino territorial más próximo.

Haití arde desde hace meses por los cuatro costados, se ha convertido en un infierno donde viven y conviven todos los pecados capitales, territorio ingobernable, estado absolutamente fallido gobernado por potencias que han mantenido y sostenido a un monigote llamado Juvenel Moïse contra viento y marea con un propósito más que evidente: apoderarse de lo que pueda quedar en ese territorio eufemísticamente llamado país y anexarlo a la República Dominicana.

Las potencias que están directamente ligadas a ese mayúsculo y altamente peligroso desorden no escatiman esfuerzos ni disimulan su intención porque saben que cuentan con la complicidad de sectores de poder político y económico en la República Dominicana, los mismos que han visto en los haitianos el caldo de cultivo perfecto para aumentar sus potencialidades.

Esos sectores de poder fáctico nunca se han detenido a pensar que a pesar de la aparente abulia que provoca el circo político dominicano subyacen en la mente del ciudadano de la calle los recuerdos del degüello de Moca, la falta de respeto a los símbolos patrios, la precariedad en los servicios de salud, el abyecto despropósito de haitianizar la nación más de los que está, y lo que implicaría institucionalmente absorber las deficiencias de un territorio al borde del fracaso.

Las administraciones de Bill Clinton y Barack Obama en los Estados Unidos prácticamente se convirtieron en laboratorios siniestros donde perfeccionaron al monstruo que ahora pretende devorarnos.

Lo peor es que a pesar de la evidente situación no nos hemos detenido a pensar en los detalles del guión de ese drama siniestro perfectamente ejecutado hasta el momento, lo que nos indica que los actores no son sólo de primer orden, sino que actúan sin disimulo ni moral.

No hay que ser un erudito en la materia ni blasonar de un anti haitianismo manido y trasnochado para llegar a la conclusión de que la salida de la Minustah de Haití, el resurgimiento del ejército haitiano, la elección y mantenimiento hasta el momento de un "presidente" que responde como loro a los intereses más obscuros de la OEA, ONU y todas las instituciones que dicen defender los derechos humanos fueron los primeros pasos sugeridos y sostenidos por los Estados Unidos, Canadá y Francia.

Estos últimos han actuado y actúan con la nunca disimulada intención de provocar una poblada indetenible que termine con el derrocamiento del "gobierno" haitiano, y la creación de una situación de índole humanitario que permita el asentamiento en territorio dominicano de campamentos de refugiados que dada la sui géneris de sus componentes terminen por eternizar su permanencia y eventualmente el otorgamiento "por razones humanitarias": de una nacionalidad que no les pertenece, a la que no tienen derecho, a la que jamás van a respetar ni mucho menos honrar por una razón muy simple, los haitianos son enemigos de los dominicanos.

La explosiva situación de Haití lleva aproximadamente cuatro meses, durante los cuales ha colapsado el sistema productivo, han desaparecido las pocas garantías constitucionales, se han deteriorado los sistemas de salud pública, seguridad, educación, convivencia civilizada, todo está en ruinas y con los ojos puestos en la permeable frontera que frágilmente nos separa.

¿Qué podría pasar si se produce una invasión en masa de ciudadanos haitianos? ¿Cuál sería el papel de nuestras Fuerzas Armadas ante esa situación? Lo que es lógico, y eso es previsible, sería defender cada pulgada de nuestro territorio con las armas que la patria ha puesto en las manos de nuestros militares a pesar de que una vez se produzca la primera "víctima" la Iglesia Católica y los países e instituciones creadores de esta crisis serán los primeros en acusarnos de genocidio desconociendo a priori que si usted invade un territorio privado se expone a cualquier reacción del propietario, simplemente.

A pesar de la inminencia de lo tratado en este artículo me voy a permitir la licencia de pensar como poeta y soñar con una magna reunión donde converjan los países haitianófilos y sus adláteres criollos, y entre todos elaborar un plan de industrialización de la frontera, creación de cientos de zonas francas, donde puedan trabajar tanto haitianos como dominicanos.

También, la fundación de un gran hospital adonde puedan parir las haitianas, reunificación de las familias haitianas en su territorio, creación de colegios y universidades, en fin, demostrar con hechos su amor a la tierra de Louverture y dejar de una vez y para siempre de joderle la vida a la República Dominicana.

.El autor es un reputado locutor dominicano,
residente en Estados Unidos; recordado como
productor y conductor del programa "Cien
canciones y un millón de recuerdos", por Radio
Popular.