Domingo  26 de Enero de 2020 | Última actualización 02:39 PM
Para que no se olvide ni se ignore
Por: LUIS RAMON DE LOS SANTOS F. (Monchín) | 1:16 PM

Tengo la costumbre de leer todos los periódicos digitales que se publican en San Juan De la Maguana por razones obvias: Soy sanjuanero de pura cepa; me preocupan mi pueblo, sus tradiciones y costumbres; su historia, en fin, todo lo que lo ha hecho grande y todo lo que lo ha hecho injustamente miserable.

Hace algunos años escribí para este periodico, al que considero mio, uan serie del artículos titulado: "La historia de la Radio en San Juan hasta donde yo me la sé". Esos articulos han servido de base pedagógica para que muchos periodistas, locutores y afines tomen informaciones valiosas, eso me llena de orgullo y satisfacción.

Aunque nunca haya recibido el crédito por ello, la verdad es que todo está ya escrito, documentado, criticado y conocido; para mi es lo que importa.

¿Por qué hago esta referencia? Hace algunas semanas leí en uno de nuestros medios digitales un artículo en el que se resaltaban los aportes comerciales y culturales de San Juan; en el mismo se resalta la creación de importantes enclaves comerciales, algunos de ellos pioneros en su genero.

En ese interesante y valioso articulo, sin embargo, se ignoró (preferiria creer que se olvido), la creación de la primera librería que se instaló en nuestro pueblo.

Como un aporte al conocimiento de las nuevas generaciones, de la publicación aludida y de todo el que la ignoraba, aqui les va la historia, hasta donde yo me la sé, que conste:

Corría el año 1946, San Juan como todo el país estaba bajo la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo Molina, la prensa libre no existía y los pocos periódicos de la época estaban supeditados al criterio informativo del gobierno; a todo esto se unía la falta de emisoras radiales y de librerias.

Los tiranos siempre le han tenido terror a la cultura, sabedores de que en la medida en que el ser humano se hace más culto y deliberante, más difícil se hace gobernarlos a su antojo.

Mi tía madre Migdalia Onelia Figuereo (Minón) era a la sazón maestra de la Escuela Parroquial, al que comunmente llamábamos El Colegio. Esa institucion era administrada por la Iglesia Católica; algunas de sus maestras eran monjas dominicas traídas desde la ciudad de Boston, de donde era oriundo, precisamente, su mentor Thomas F. Reilly, obispo coadjutor.

En una de esas visitas del monsenor a mi casa, este le planteó a mi tía Minón la necesidad de fundar una librería donde no sólo se vendieran publicaciones religiosas, sino también literarias, la idea fue tomando forma y el día 2 de febrero del año 1946 fue inaugurada la "Libreria Santo Tomás", situada en un anexo de la residencia familiar de la familia Calderón Fernández, en la calle Sánchez, frente al parque, hoy del mismo nombre.

Esa librería, que al poco tiempo devino a ser un importante centro cultural, aún con las restricciones de la época, nació grande.

Como pionera en su género, fue un fundamental enclave en el desarrollo cultural de San Juan De la Maguana y otros pueblos cercanos. ¿Por qué afirmo que nació grande, adulta (agregaría yo)? Porque desde su instalacion se hicieron compromisos con las más importantes distribuidoras de libros en la capital, las mismas que a su vez representaban a las más importantes editoras de América y Europa.

Resalto algunos ejemplos: Los libros de texto eran enviados desde España a través de la distribuidora "scoffet y Hermanos" y "Corripio y Compañia" las obras literarias las traía y distribuia la editora "Seix Barral", desde su sede en Ciudad Trujillo, pero también se hicieron compromisos con distribuidoras argentinas que nos suplían la interesante revista "Billiken" o "Billiquen".

Desde México llegaban los famosos "Muñequitos" y los "Cancioneros" con las letras de las canciones de la época y las fotos de sus intérpretes y compositors, a 10 centavos la unidad, tanto unos como otros. Las grandes obras de la literatura universal eran servidas desde Cuba, México y España.

Recuerdo que mi tía y mi madre hicieron en 1953 un viaje a La Habana para firmar un contrato con la editora de la famosa revista "Carteles", quizás la más importante publicación de la época.

Esa revista, de temas variados, era ávidamente consumida por los sanjuaneros por la variedad de sus enfoques, muy osados por cierto, en ese viaje se obtuvo la distribución de las famosas novelitas románticas de Corin Tellado y las de vaqueros, casi siempre escritas por Marcial La Fuente Estefania; otra conquista fue la comercializacion de las revistas "Seventeen", "Selecciones" y "Bohemia", la primera era de modas y la segunda de temas mixtos.

Como se puede ver. la Libreria Santo Tomás, no sólo fue la pionera en su género sino también la más importante fuente de publicaciones en nuestro pueblo.

Algún tiempo después se amplió su oferta y se convirtió en "Libreria y Fantasía Santo Tomas", para vender juguetes y otros articulos, especialmente de oficina, esto ocurriria tras la mudanza de su primera sede a la segunda, situada en la calle Colón esquina 16 de agosto, donde luego estuvo el Tribunal de Tierras, esa casa de color blanco era propiedad de don Esteban Mateo, y fue alquilada por 15 pesos mensuales.

LLegado desde Azua a residir en San Juan, don Raul García Bidó fundó la "Librería Quisqueya", que como todos sabemos fue tambien ferretería; vendrían otras al transcurrir el tiempo, como por ejemplo, la Libreria Evangélica, pero esa es otra historia que ya contaré algun día. Lo importante es resaltar que la LIBRERIA SANTO TOMAS, propiedad de la Familia Figuereo y Figuereo fue la primera, y por consiguiente, el referente obligado cuando se escriba la historia de San Juan.