Domingo  20 de Septiembre de 2020 | Última actualización 08:41 PM
A Davilita con cariño
Por: LUIS RAMON DE LOS SANTOS (Monchín) | 8:59 PM

Pocos recuerdan su canto, su figura y trascendencia en el mundo de la música, a lo mejor ignoran que aunque su lar nativo fue Puerto Rico adoró a la República Dominicana como si fuera suya, a ella le cantó con delectación sublime y patriótica en su "Mensaje a Quisqueya".

Pedro Secundino Ortiz Dávila, artísticamente conocido como Davilita, nació el 21 de mayo del 1912 en el Barrio Nuevo de Bayamon, Puerto Rico.

Teniendo apenas 10 años de edad fue matriculado en la academia de música de Bayamón, allí aprendió solfeo y la ejecución del flautín y el bombardino, instrumentos claves para poder integrar la banda municipal de su pueblo sin embargo lejos de ser ejecutante de esos instrumentos la pasión por el canto terminó por definir su vocación artística.

Hijo de padres divorciados a muy temprana edad, Davilita queda al cuidado de su padre Pedro Alvarez Tirado, de oficio carpintero, la madre de nombre Ana Ortiz Ortiz contrae nuevas nupcias marchándose a la ciudad de Nueva York, específicamente al Barrio Latino.

Poco se sabe de los avatares que el infante tuvo que pasar, lo que si han establecido sus biógrafos es que al escuchar al famoso Trio Borinquen del insigne Rafael Hernandez en una de sus presentaciones se abrió en el entonces corazón del joven el deseo de convertirse en cantante, a tal punto que algún tiempo después se vincularía profesionalmente al mismo.

La magia del Trío Borinquen se inoculó en las venas de Davilita, gracias no sólo a la admiración de este por el trío, sino por pasarse horas escuchándolo en el viejo fonógrafo de la imprenta Moreno localizada en la Cuesta de Juanche, esto ocurría cuando la futura estrella contaba con apenas 13 años de edad.

La madre lo reclama y el 4 de julio del 1927 llega a la ciudad de Nueva York, instalándose en el nuevo hogar de su progenitora localizado entonces en la calle 100, entre las avenidas segunda y tercera. La estadía de este en la desconocida y fría Nueva York definiría el futuro de este joven que una vez se consagrara como intérprete se convertiría en un auténtico ídolo de multitudes.

Los biógrafos de Davilita coinciden en que su niñez en Nueva York no fue precisamente color de rosa; había que trabajar para sustentar la cotidianidad familiar y al efecto consiguió un trabajo como mensajero en una fábrica de almohadas y almohadones, cosa que no le impidió aprender de manera autodidacta la ejecución de la guitarra, instrumento que por cierto lo acompañaría toda su vida.

Pasados los años de aprendizaje, penurias y sueños Pedro Ortiz Davila enrumba por senderos definitivos su vocación artística y en el año 1928 compone su primera canción, se trata del tango "El leproso", en el 1929 se junta con Johnny Rodríguez el mismo del trío San Juan, cuyo padre era dominicano (de Puerto Plata) y forma el "Quinteto Junior", cuya finalidad era la animación de fiestas, la duración del mismo fue efímera, ya que Jhonny, hermano paterno de Tito Rodríguez, regresó a Puerto Rico donde lo esperaría en los años venideros un éxito sin precedentes.

Prometo continuar en una segunda entrega estas notas sobre uno de mis cantantes preferidos, Pedro Ortiz Davila, a quien tuve el honor de conocer, tratar y querer desde que Felipe Rodríguez, "La Voz", quien fuera su entrañable amigo me lo presentara en la emisora WIAC de San Juan de Puerto Rico, era junio de 1979 y me esperaban en la emisora para hablar de "Cien canciones y un millón de recuerdos". Continuará...