Martes  11 de Agosto de 2020 | Última actualización 06:56 AM
La vida breve de José Manuel Suero
Por: Rafael Pineda | 8:55 AM

DESDE EL ORIENTE

Montevideo, Uruguay.- Algunos hombres desde temprana edad se integran a un tipo de evento relacionado con las ciencias, las artes, la cultura, organización social, política, sindical o entidad comunal y a través de ellas, es trazado el rumbo de sus días restantes en la vida.

Uno de los hombres de ese grupo fue José Manuel Suero (Obispo), a quien, al cumplirse 16 años de su desaparición física, se hace necesario recordar y rendirle tributo por el ejemplo de lucha reivindicativa a favor de los campesinos de su pueblo; lucha que dejó inconclusa porque al hombre la vida se le hace breve para ver la transformación de lo que quisiera ver transformado. Es como dijera Leonardo da Vinci: “Mientras pensaba que estaba aprendiendo cómo vivir, he estado aprendiendo cómo morir”.

Al leer el título de este escrito algún lector se adelantaría a pensar que iba a referirme a la magnífica obra literaria de Juan Carlos Onetti, “La vida breve”, publicada por primera vez en 1950 (el año de nacimiento de José Manuel Suero) donde el protagonista, Juanicho, convertido en Juan Brausen y después en Grey, reinventa varias veces su vida taciturna en unas historias de muertes prematuras, desapariciones y soledad transcurridas en la ciudad de Santa María, inventada por el célebre autor de la misma manera que Gabriel García Márquez inventó Macondo.

Pero me refiero a otra vida breve, a la de José Manuel Suero, un hombre que vivió asumiendo protagonismo en los acontecimientos que fueron importante centro de atención cuando en la República Dominicana los campesinos y los habitantes de las barriadas empobrecidas asumieron conciencia del camino que tenían que recorrer para superar los injustos modos de vida y la desequilibrada distribución de la riqueza nacional, en el presente caso, la riqueza agraria.

La vida de este hombre, apodado Obispo, nacido en Sabaneta, provincia San Juan, el 30 de mayo del 1950, fue lo que se dice una vida breve. En este mes estaría cumpliendo 70 años de vida, y lo que está cumpliendo son 16 años de muerto. Su deceso se produjo el 25 de mayo del 2004.

¿Cómo y dónde murió? Mientras se trasladaba de noche conduciendo su motocicleta desde la comunidad rural de Manoguayabo a la ciudad San Juan de la Maguana. Otro vehículo lo chocó por detrás, quedó abandonado bajo una cuneta donde fue auxiliado por los ocupantes de otro vehículo que, mientras agonizaba, lo llevaron al hospital Alejandro Cabral, donde falleció horas después. Era entonces un hombre de 54 años, tan necesario como indispensable.

Sobre el crimen no hubo una investigación policial y la justicia no se interesó en el caso. Apareció gravemente herido, abandonado en una cuneta, murió, y ya, ahí mismo el caso quedó concluido.

Si fue un accidente o un ataque criminal, nunca lo hemos sabido. No digo “jamás lo sabremos” porque la esperanza es lo último que se pierde y, asumiendo el
concepto de que nada está perdido, no pierdo la esperanza de que un día haya un sistema judicial sin miedo, sin que tenga que arrodillarse ante padrinos y aún hayan pasado cien años inicie y concluya una investigación que determine la realidad de lo acaecido.

Aunque no es una regla, por lo general el pasado determina lo que uno hace en el presente. José Manuel Suero (Obispo) desde muy temprano observó con dolor el sufrimiento de los hombres del campo y en la adolescencia se integró a organizaciones que procuraban terminar con la injusticia de unos hombres contra otros.

Sufrió en carne familiar la marginalidad a que son sometidos los campesinos y en su natal Sabaneta, donde a final de los 70 se construyó una represa que trajo como consecuencia el desalojo de miles de agricultores bajo promesa de ser reubicados en terrenos llanos, favorecidos con la irrigación del canal José Joaquín Puello, y que serían aplicadas las leyes de latifundio y aparcería, los gobiernos de entonces, principalmente el de Joaquín Balaguer, se hicieron de la vista gorda.

José Manuel Suero que en ese momento se ganaba la vida como chófer de carro público, se integró a las primeras asociaciones campesinas de San Juan, luchando por la aplicación de las leyes agrarias.

Fue así que peleó junto a Zoilo Ramos, uno de los líderes campesinos más notables de la historia agraria dominicana, en el Frente de Campesinos sin tierra y se hizo miembro de la Asociación de Parceleros de Pedro Corto.

Esas entidades tuvieron como propósito movilizar a los campesinos sin tierra para forzar al gobierno a llegar a un acuerdo mediante el que se le tendría que conceder una pequeña franja de terreno a la que le llamarían “parcelas”, como resarcimiento por las que les habían quitado en Sabaneta, o en compensación por ser los que, con el duro sudor de la frente, hacían producir la tierra.

Tuvo un papel destacado en las jornadas de esos años y se convirtió en uno de los líderes más destacados. Integró el poderoso Movimiento Campesino Independiente, organización de carácter regional liderada por dirigentes de la estatura de Mario Ogando, Lauro Romero Félix, Martín Nivar Piña, Enerio Mateo y Pedro de León.

Más adelante pasó a formar parte de La Federación de Asociaciones Campesinas, compartiendo la dirección con los hermanos Melanio y Ángel Ramírez, con Mamota Ramos, Domingo Rodríguez, Juan Bautista Peralta, Julio Ramos (hermano de Zoilo), Benito Bidó Jiménez (Digno) y Orbito de los Santos.

Junto a ese selecto grupo de líderes, encabezó el poderoso movimiento que conmovería a la opinión pública dominicana en los años del 1970 al 1996 durante los periodos de gobierno de Joaquín Balaguer, Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco, Leonel Fernández e Hipólito Mejía.

Las movilizaciones de campesinos encabezados por esos dirigentes, presionaron a los referidos gobiernos a poner en práctica las leyes de Cuota Parte, Aparcería, de Latifundio, de Terrenos Baldíos y el código agraria que favorecía a los campesinos sin tierra, logrando beneficiarse miles de familias que antes no tuvieron nada.

José Manuel Suero era un incansable batallador y de la lucha en los frentes campesinos pasó a formar parte del Comité de Lucha Popular de San Juan de la Maguana y de la Coordinadora de Organizaciones Populares de la Región Sur, ahora compartiendo las banderas con el dirigente popular Víctor Portes (actualmente retirado).

De esas lides dio un paso y se organizó en el Partido Comunista Dominicano, estructura política que, al igual que el Núcleo Comunista del Trabajo, llevaba la vanguardia en la organización del campesinado, promoviendo, estimulando y orientando las tomas de tierra en toda la República, en especial en San Juan, donde más fuerza cobró el movimiento posterior a los hechos de Yamasá y al asesinato de la líder Mamá Tingó.

Después de la caída del muro de Berlín se produjo la disolución del PCD y acompañó a Narciso Isa Conde en la fundación de la Fuerza de la Revolución, llegando a ser miembro de su Comité Regional Sur Richard Caamaño.

José Manuel Suero fue un hombre cabal, un individuo que mantuvo con decoro los ideales que consideró justos, portador de la antorcha reivindicativa de los barrios populares; de los campesinos en los momentos que las movilizaciones agrarias tuvieron su más alto esplendor, llegando a forzar al gobierno y a sus congresistas a legislar la creación de la Ley de Cuota Parte. El campesinado de ayer le debe mucho a este dirigiendo ido a destiempo, y el campesino de hoy, debería recordarlo con el mejor homenaje por el legado de lucha y militancia que les dejó.

Voy a concluir con una metáfora del maestro Jorge Luis Borges, sacada del poema “Isidro Acevedo”, donde relata la muerte de su abuelo materno: “En metáfora de viaje me dijeron su muerte; no lo creí. Yo era chico, yo no sabía entonces de muerte, yo era inmortal. Yo lo busqué por muchos días por los cuartos sin luz”.

● El autor es locutor, periodista, poeta y diplomático.