Miercoles  27 de Enero de 2021 | Última actualización 06:21 AM
A grandes males, grandes remedios
Por: LUIS RAMON DE LOS SANTOS (Monchín) | 9:03 PM

Confieso sin ningún rubor hipócrita, que soy absoluta y totalmente radical sobre algunos aspectos; lo confieso y admito porque estoy convencido de que "al toro hay que tomarlo por los cuernos" y de que los paños tibios sólo sirven para atenuar los dolores de barriga a veces y nada más.

Nuestro país tiene un grave problema con los haitianos y no sólo con ellos per se, sino con las instituciones, países, organizaciones y malos dominicanos que se han llegado a creer que la República Dominicana es culpable del desastre haitiano y por lo tanto debe cargar con esa problemática.

Hace algunos días, una activista antidominicana declarada -llamada Ana Belique- se llenó el hocico despotricando contra el país que la ha acogido a pesar de ser su enemiga, llegando al colmo de decir que nuestro país tiene que agradecerle a Haití la emancipación de la esclavitud de los esclavos africanos.

¡Vaya perla! ¿Y que carajo tenemos que ver nosotros con eso? ¿Qué tiene que agradecerle la República Dominicana como nación a esa gleba, que se independizó precisamente de Haití? ¿No ha sido suficiente que tengamos que invertir una parte considerable de nuestro presupuesto de salud y otros renglones sensitivos en las parturientas, haitianss?

¿No ha sido suficiente tener que admitir la degradante presencia de esa gentuza defecando en las calles, asesinando dominicanos de trabajo, ensuciando el nombre de los Padres de la Patria, y como si fuera poco, recibir en nuestra propia casa la bofetada de los activistas pro haitianos enquistados como garrapatas, porque eso es lo que son, garrapatas, en nuestro propio suelo?

Dije al principio que soy un radical impenitente cuando se trata de algunos temas y este es uno de ellos; para mi el tema haitiano tiene importancia medular por lo que representa para nuestros intereses como nación.
Nuestro país se sacude o se jode; así de simple. Tenemos al enemigo dentro y fuera de la casa y no se sabe cuál es más peligroso, si el que está dentro socavando de manera directa nuestra soberanía y derecho a estar tranquilos y vivir sin parásitos o el que de afuera insiste en echarnos la cuaba de tener que solucionar un problema que ni es nuestro, buscamos o merecemos.

Entiendo que los gobiernos que hemos tenido después de decapitada la dictadura de Trujillo han sido pusilánimes, cómplices. Prefiero llamarlos pendejos; no le han dado la seriedad que amerita tener dentro de nuestra sala nacional a un huesped indeseable en todos los sentidos, sin tener el derecho o la voluntad de mandarlos al carajo.

A veces pienso que Trujillo tuvo en su momento más vision sobre el problema haitiano que la que han tenido los que lo sucedieron en al poder político de la nación, a pesar de entender que la muerte no es precisamente el mejor de los remedios, cuando leo en la prensa los desmanes, asesinatos, violaciones, crímenes de toda laya de los haitianos contra los dominicanos y la penosa pasividad de quienes tienen el poder de sanción.

Me asalta la idea de que el generalísimo debiera darse una vueltesita por su país y susurrarle al oído de la patria: "ya está bueno carajo, ¿o es que prefieren que resucite?