Variedades

De mis memorias, antes de que llegue el olvido

Por LUIS RAMON DE LOS SANTOS (Monchín)

Los programas radiales » Cien canciones y un millón de recuerdos » y » Vívalo en vivo, «ambos de mi creación para la emisora Radio Popular, fueron sin duda alguna dos fraguas formidables donde se forjaron y pusieron en práctica importantes iniciativas radiales.

Ambos programas trazaron la pauta en la República Dominicana de lo que se podía hacer en términos de difusión seria y responsable de la música romántica, hoy desgraciadamente inexistente en las emisoras no solo tradicionales, sino también en las digitales.

Yo seré y me auto acuso de ser un romántico empedernido y necio, abanderado del bolero de sangre y del dulce sufrimiento que causa la salida de una lágrima.

La génesis de ese matrimonio sin divorcio, sufrimiento incluido, fue Radio Centro, la emisora de San Juan de la Maguana, donde di los primeros y más firmes pasos en la locución nacional bajo la tutela, muchas veces necia, pero necesaria en su momento, de su propietario don Iván Aquiles Ramírez De los Santos.

De las cosas que más recuerdo son las entrevistas que me tocó hacer a importantes artistas de la época siendo la que le hice a Gilberto Monroig, la que con más cariño recuerdo.

Gilberto, fumador empedernido, fue contratado en 1971 por don Eduardo Dahuajre para actuar en el Teatro Antonieta, a la capital nos dirigimos junto al locutor Luis Alfredo Martínez, el viaje fue insoportablemente largo no sólo por los 204 kilómetros que nos separaban de San Juan, sino por la cantidad excesiva de cigarrillos que Gilberto nos obligó a consumir como fumadores pasivos.

En la entrevista realizada a Monroig, en Radio Centro, el 1 de septiembre de 1971, participaron también Eduardo Dahuajre, Luis Alfredo Martínez.

De ese viaje, su presentación en el Teatro Antonieta, los tres días que pasó en San Juan fumando y bebiendo, las llamadas de doña Hellen, su amantísima esposa y el compromiso contraído y cumplido de bautizarnos el primer hijo se produjo una amistad más allá del ámbito artístico, que aun perdura a través de su hijo Glenn.

Gilberto era un tipo formidable, exquisito en su trato personal, muy franco y directo, de él guardo recuerdos realmente inolvidables, sus serenatas improvisadas en la acogedora casa de Boquerón donde vivió los últimos años de su vida y los dulces requiebros de doña Hellen constituyen cuantas importantes de mi rosario de recuerdos inolvidables.

En estas memorias profesionales entrañablemente contadas, sólo quiero dejar evidenciado que aunque cualquier tiempo pasado no necesariamente fue mejor, traerlos a colación es un deber antes de que el olvido entre sin tocar la puerta.

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