
Laboratorio de guerra cognitiva contra Cuba: ocho evidencias empíricas
Por ANULFO MATEO PEREZ
Un análisis de más de 406 mil menciones identifica concentración temática, alta negatividad, amplificación digital y una fuerte carga emocional en contenidos sobre Cuba difundidos desde redes vinculadas a Florida.
La existencia de un supuesto “laboratorio mediático” contra Cuba, denunciada reiteradamente por el presidente Miguel Díaz-Canel, puede ser analizada más allá de la confrontación política. Un estudio basado en técnicas utilizadas para investigar operaciones de influencia y guerra cognitiva identifica varios patrones compatibles con una estrategia organizada de intervención sobre la percepción de la realidad cubana.
El concepto de guerra cognitiva utilizado por la OTAN se centra en influir o alterar la manera en que las personas y las sociedades perciben, interpretan y reaccionan ante determinados acontecimientos. Bajo este enfoque, una campaña no necesita difundir información falsa: también puede utilizar hechos reales seleccionados, repetidos y cargados emocionalmente para orientar la percepción pública.
La investigación analizó 406.713 menciones sobre Cuba entre mayo y agosto de 2026. El 51% fue clasificado como negativo, mientras que las narrativas sobre “régimen, represión y cambio político” y “crisis socioeconómica y colapso interno” concentraron conjuntamente el 69,9% de la conversación. El Gobierno cubano, el Partido Comunista y sus principales dirigentes aparecen como destinatarios del 43,4% de las menciones.
La negatividad tampoco se distribuye de manera uniforme. El eje de “régimen, represión y cambio político” alcanzó un 71,6% de menciones negativas, seguido por crisis socioeconómica, con 44,1%; diplomacia y alineamientos internacionales, 44%; y amenaza o confrontación militar, 38,9%.
El componente geográfico refuerza el hallazgo. Las menciones vinculadas directamente con Florida, Miami u otras localidades floridanas registraron un 64,8% de negatividad. Cuando se identificaron autores radicados en Florida, aparecieron 25.715 menciones, de las cuales 22.291 fueron negativas u hostiles hacia el Gobierno cubano, para una tasa del 86,7%.
Otro elemento es la capacidad de amplificación. Los actores analizados desde Florida representan apenas el 6,3% del volumen total de menciones, pero acumulan unos 1.580 millones de alcance potencial y 6,9 millones de interacciones. CiberCuba sobresale con 17.604 menciones y un alcance potencial cercano a 1.440 millones, seguido por otros medios, influencers y plataformas digitales.
La investigación detectó además 6.032 clústeres de textos normalizados, repetidos al menos tres veces y presentes en dos o más autores. Algunos llegaron a miles de cuentas, lo que evidencia la circulación masiva de unidades narrativas similares y una capacidad de reproducción que puede convertir determinados mensajes en aparentes tendencias espontáneas.
La estructura observada combina medios, influencers, videos, memes, comentarios y algoritmos. El medio aporta legitimidad informativa; el influencer personaliza el mensaje; el video y el meme lo simplifican y emocionalizan, mientras las interacciones generan una percepción de respaldo social y favorecen su distribución algorítmica.
La dimensión emocional también resulta significativa. La bandera cubana aparece 106.589 veces y la estadounidense 46.712. Entre los símbolos más utilizados figuran la alarma, advertencia y exaltación del conflicto: la luz roja de emergencia aparece 44.715 veces; el signo de doble exclamación, 35.701; el círculo rojo, 22.012; y el símbolo de advertencia, 11.949. También se registran recursos destinados a la burla y la deslegitimación.
Estos indicadores no demuestran por sí solos la existencia de una estructura única, centralizada y formalmente coordinada. Sí muestran, sin embargo, un ecosistema digital altamente especializado, emocionalizado y con capacidad de amplificación, cuyos patrones son compatibles con mecanismos descritos en la literatura sobre propaganda computacional, operaciones de influencia y guerra cognitiva.
El fenómeno tampoco es exclusivamente cubano. Investigaciones académicas sobre Brasil han documentado redes descentralizadas de medios, influencers, cuentas y plataformas que participaron en operaciones de propaganda política y amplificación coordinada. El caso cubano requiere, por tanto, continuar el análisis para determinar el grado real de coordinación, sus fuentes de financiamiento, sus vínculos operativos y la participación de plataformas y actores externos.




