Opiniones

Nuevo jefe P. N. y nuevas cacerías humanas

Por NARCISO ISA CONDE

El despotismo trujillista-balaguerista impera.

Salvo casos excepcionales, para llegar a general y optar por la jefatura en ese cuerpo, hay que cometer muchas diabluras y demasiadas fechorías.

Veinte o treinta años en la PN, pasando por varios escalones de oficiales superiores, es como cursar estudios en una universidad del crimen.

La extorsión, el robo y el enriquecimiento ilegal es una de las especialidades a nivel de alta oficialidad.

El machismo y el racismo son concepciones dominantes en la sociedad y en la institución policial.

Los viejos oficiales abusadores, criminales y ladrones contaminan a los nuevos. Pocos se salvan de la infección.

Las ejecuciones extrajudiciales son costumbre y tradición… van jefes y vienen jefes, y la cacería humana prosigue.

Miren el informe de la CNDH…todos los jefes compiten y hay campeones que dominan en cadena la institución y manipulan su oficialidad subalterna y sus bases empobrecidas.

El 80 % no son intercambios de disparos, sino homicidios voluntarios, celadas fríamente calculadas.

La reforma policial es una farsa. Abinader lo sabe y la abraza como disfraz.

El nuevo jefe de la PN “se tiró” 25 jóvenes en sus primeros 11 días.

Y si acaso él no las ordenó, la estructura especializada las ejecutó, en tanto el cambio en la jefatura tuvo por motivo aparente el alto número de ejecuciones y el auge de la delincuencia. Esa es una manera de reafirmar convicciones y propósitos.

La alta oficialidad de la PN es socia de la delincuencia mayor y menor mediante múltiples vericuetos.

Esos crímenes policiales, eso de “darle para abajo” a delincuentes y no delincuentes en nombre del combate al crimen organizado, no detiene el crecimiento de la mafia civil y sus delitos.

La inseguridad ciudadana crece al ritmo de los fusilamientos policiales, muchas de ellos motivados por el interés de “cerrar casos” y “cortar los vínculos” con estructuras del cuerpo policial.

La PN es irreformable y es parte de un Estado dirigido por no pocos políticos y empresarios delincuentes.

La clase dominante del sistema imperialista occidental y del capitalismo dominicano se han gansterizado.

Donald Trump y Marco Rubio, tremendos genocidas, son los tutores de un poder con apellido dominicano.

Este es, además, el Estado de las estafas en SENASA, Antena Latina, San Souci, Sun Land, Fonper-Itabo, de los pulpos, calamares, la narcopolítica, los delitos ambientales, la destrucción impune de las Cuevas del Pomier y el generalato delincuente.

Todo esto explica lo que ha pasado con la designación del nuevo jefe de la PN.

Explica que Abinader insta a delincuentes comunes a entregarse “para que no le pase algo peor”. Está ordenándole a la PN matar. Está autorizando las ejecuciones extrajudiciales y la pena de muerte.

Pero es que eso no es nada, eso “le resbala”, a un presidente que protegió la estafa genocida de SENASA, que permite que aquí mande el Comando Sur, la CIA, el FMI…que apoya el holocausto sionista contra el pueblo palestino, que llama y colabora con las invasiones militares a países hermano (casos Haití y Venezuela, amenazando a Cuba, México, Nicaragua…) y que incorpora al país a la coalición militar de 18 países del Continente, tutelada por el Comando Sur.

No hay moral para contener fechoría.

Hay poses, bultos, simulaciones…

De los 25 crímenes en once días, pasaremos a muchos más y con mucha más delincuencia militar y civil.

El mal es estructural, sistémico, ideológico-cultural.

Un mal que emana del poder del gran capital y de las corrompidas cúpulas de la partidocracia y el generalato mafioso, bendecidos por ciertas cúpulas eclesiales.

El remedio no tiene otro nombre que no sea revolución popular, política, social y cultural. Difícil, pero absolutamente necesaria.

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