
Abinader y la delincuencia
Por NARCISO ISA CONDE
Ahora, con una ofrenda de 40 asesinatos policiales en un mes, se está hablando oficialmente de una estrategia para combatir la delincuencia, mientras los medios anuncian el “endurecimiento” del combate gubernamental a ese mal recurrente y ascendente.
Pura fantasía…
Propaganda sin fundamento.
Porque la delincuencia no combate la delincuencia.
Aquí los mayores delitos los cometen los gobiernos y quienes lo administran.
Matar, simulando intercambios de disparos es asesinar: un delito sumamente grave.
Encubrir estafas desde el gobierno es un delito de alto vuelo.
Y son muchos los delitos protegidos por este gobierno: la estafa de las Eges a Fonper, las estafas de Antena Latina, Sans Souci y la Nueva Victoria; los graves delitos Estado-Odebrecht (incluida la estafa colosal de Punta Catalina), el fraude de los escáneres de la JCE, los pasivos ambientales de Falcondo, el contrato estafa de la Barrick, la destrucción de manglares, los graves daños a las cuencas de ríos y numerosos delitos ambientales denunciados.
Robar, estafar, traficar influencia, evadir impuestos son delitos de corrupción.
Y son muchos los delitos de ese tipo cometidos o protegidos por este gobierno, por sus empresarios y por la cúpula de PRM: abundantes casos impunes en el escándalo SENASA y en las ARS y AFP; en Bienestar Estudiantil, Ministerios de Obras Pública, Educación y Salud, incluida la asociación del Ministerio de Defensa con Jochy Gómez.
Mafia de los combustibles.
La planta de Pueblo Viejo.
En ese ambiente, Abinader sugiere matar a delincuentes comunes que no se entreguen: “entréguense para que no le vaya peor”.
La PGR no actúa contra delitos cercanos al Palacio Nacional.
La remodelación de la Autopista Duarte ha sido lenta y desastrosa y no se ordena una auditoría.
Cuando estos grandes delitos se comparan con los cometidos por ladronzuelos de celulares, cadenas, carteras, colmados, motores, gestores de punto de drogas, asaltos de negocio (a los que incluso se les aplica la pena de muerte), no es difícil afirmar que en esa comparación las diferencias entre hechos y consecuencias son realmente abismales.
Es cómodo hablar de “endurecer” el combate al raterismo y a la delincuencia que brota de la pobreza, mientras se procede de esa manera abusiva y además se participa, desde la presidencia y la cancillería, del lado de la criminalidad imperialista mundial: junto a los genocidios de Trump y Marco Rubio, junto a Zelensky y Natanyahu, a las invasiones a Venezuela y Haití, al estrangulamiento de Cuba, al Escudo de Las Américas y su impronta neofascistas, a la estrategia de saqueo de petróleo, tierras raras, oro y minerales críticos; a las matanzas del Comando Sur y la OTAN.



