
Salud mental: un derecho humano que exige atención y protección
Por Editor de Mundo
- La OMS advierte que los trastornos mentales afectan a millones de personas en el mundo y reclama servicios accesibles, atención digna y políticas que combatan la discriminación y la exclusión social.
GINEBRA.- La salud mental constituye un derecho humano fundamental que debe garantizarse a todas las personas, sin distinción de edad, sexo, condición económica o lugar de residencia. El Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado cada 10 de octubre, representa una oportunidad para sensibilizar a la población y reclamar acciones concretas para prevenir los trastornos mentales y mejorar el acceso a los servicios de atención.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) dedicó la jornada de 2023 al lema “La salud mental es un derecho humano universal”, con el propósito de promover el respeto a la dignidad de quienes enfrentan problemas de salud mental y fortalecer la responsabilidad de los Estados, las comunidades y las instituciones sanitarias.
Según estimaciones de la OMS, aproximadamente una de cada ocho personas en el mundo vivía con algún trastorno mental. La ansiedad y la depresión figuran entre las afecciones más frecuentes, con repercusiones que trascienden el ámbito individual y alcanzan las relaciones familiares, el desempeño laboral, la educación y la convivencia social.
La salud mental no puede reducirse a la ausencia de enfermedades psiquiátricas. También comprende el bienestar emocional y psicológico, la capacidad para afrontar las tensiones cotidianas, desarrollar habilidades, aprender, trabajar y contribuir a la comunidad. Por eso, su protección debe formar parte de las políticas generales de salud pública y de los programas de desarrollo social.
La OMS ha advertido, además, sobre la magnitud de la brecha existente entre las necesidades de atención y los servicios disponibles. La falta de recursos especializados, las barreras económicas, la concentración de profesionales en determinadas zonas y el estigma social impiden que numerosas personas reciban oportunamente la asistencia que necesitan.
Los niños, adolescentes y jóvenes merecen especial atención, debido a que muchos problemas de salud mental comienzan durante las primeras etapas de la vida. La detección temprana, el acompañamiento familiar, la orientación escolar y la disponibilidad de servicios profesionales pueden contribuir a reducir complicaciones y evitar que el sufrimiento psicológico se prolongue sin tratamiento.
Otro desafío es la discriminación que padecen las personas con trastornos mentales, quienes con frecuencia son excluidas de espacios educativos, laborales y comunitarios. Ninguna condición de salud justifica la vulneración de sus derechos, la negación arbitraria de su autonomía ni su apartamiento de las decisiones relacionadas con su tratamiento.
La atención debe ser accesible, oportuna, de calidad y respetuosa de la dignidad humana. Esto exige fortalecer los servicios comunitarios, integrar la salud mental en la atención primaria, formar profesionales, garantizar la continuidad de los tratamientos y ofrecer apoyo a las familias, sin recurrir a prácticas que vulneren los derechos de los pacientes.
La prevención también requiere enfrentar factores sociales que deterioran el bienestar psicológico, como la violencia, la pobreza, el aislamiento, la inseguridad, la discriminación y las condiciones laborales adversas. La respuesta no puede limitarse a la consulta psiquiátrica: necesita educación, protección social, participación comunitaria y políticas públicas sostenidas.
El llamado de la OMS continúa vigente: reconocer la salud mental como un derecho implica convertir las declaraciones en servicios efectivos, presupuestos suficientes y garantías de protección. Porque una sociedad que abandona a quienes sufren psicológicamente no solo incumple una obligación sanitaria; también lesiona su propia dignidad colectiva.




