Opiniones

Van contra Cuba… Y contra la humanidad

Por LILLIAM OVIEDO

En septiembre pasado, Donald Trump dijo en las Naciones Unidas que Estados Unidos podría
“llevar a Irán al infierno”, además de anunciar que derrocaría el gobierno de Cuba y se
apropiaría de Groenlandia y de otras zonas del mundo. No es extraño que el 23 de octubre, en
Florida, amenazara con recolonizar a Cuba. Así procede Trump y el poder al que sirve explota
su ambición y su megalomanía.

Quiere aumentar la franja de votantes conservadores, porque no luce posible que el Partido
Republicano conserve el control del Congreso después de las elecciones de noviembre. Y
ofrece poner a Cuba en manos de la ultraderecha.

«Lo que vamos a hacer con Cuba es que vamos a regresar de Irán, esos hermosos barcos,
pasaremos por Cuba, haremos que uno de ellos se detenga a unas 50 yardas (45 metros) de
la costa. Levantarán las manos y luego vamos a enviar a Marco Rubio a cerrar el acuerdo»,
dijo en un evento de campaña electoral en Fort Myers, en la costa oeste de Florida.

¡Y se pronuncia impunemente!

Un orden internacional que no castiga el genocidio y, por el contrario, apaña el abuso y el
intento de pisotear la soberanía de las naciones, no merece ese nombre.

La insolencia es característica definitoria de Donald Trump y de Marco Rubio, el hombre que
hace menos de diez años lo acusó de estafador, pero hoy es su canciller y su consejero en
materia de seguridad nacional. Y ambos se presentan impunemente como apadrinadores de
acciones genocidas.

Las amenazas a Cuba bajan o suben de nivel de acuerdo con factores como la situación política
interna de Estados Unidos y el énfasis en determinados aspectos de las políticas hacia América
Latina.

En este momento, el recrudecimiento del bloqueo y el aumento de las restricciones a
empresas y gobiernos para llevar a ese país combustibles, medicamentos y otros bienes han
generado altos niveles de carencia y dificultades para el desenvolvimiento cotidiano. Marco
Rubio y Donald Trump se presentan como potenciales salvadores cuando ellos son verdugos.

En este panorama, la solidaridad deja de ser una actitud movida por la convicción
revolucionaria para convertirse en un acto de dignidad. La dignidad obliga a rechazar el
sometimiento y a luchar por la preservación de conquistas sociales de un pueblo que las ganó
en buena lid.

El Memorándum Mallory, redactado por el vicesecretario de Estado Lester DeWitt Mallory en
1960, fue desclasificado en 1991. Es conspirativa la recomendación de actuar contra la
economía cubana para socavar el apoyo popular a la Revolución.

Da vergüenza que, treinta y cinco años después, Marco Rubio, cubano de origen y
ultraderechista de formación, llame al pueblo cubano a colaborar con la Agencia Central de
Inteligencia (CIA) y ponga su firma en un comunicado difundido en las redes sociales y en los
medios de comunicación. ¿Con qué derecho un funcionario que ha sido falaz hasta en la
elaboración de su biografía llama al pueblo de Fidel a despojarse de la dignidad que lo define?
¡Es el colmo de la insolencia!

Con la firma de Marco Rubio sale el llamado contra Cuba y en la voz de Trump la declaración
sobre el proyecto de convertir a Cuba en colonia yanqui.

Donald Trump y Marco Rubio no han ocultado tampoco su injerencia en la siembra de
gobiernos derechistas y ultraderechistas en América Latina.

Abelardo de la Espriella, Keiko Fujimori, Laura Fernández y Rodrigo Paz, por ejemplo, contaron
con el apoyo logístico y el abierto patrocinio de ellos. A Nayib Bukele, quien hoy es segunda
voz y mano auxiliar de Trump en Centroamérica, le han dado apoyo y estímulo.

A otros, como el dominicano Luis Abinader, los han inducido a asumir posiciones
ultraconservadoras, a entregar al Comando Sur recursos naturales estratégicos y a seguir la
línea de obediencia trazada desde Washington en importantes aspectos de la política exterior.
Uno de los efectos de esta política de sometimiento (fue un importante objetivo) es dispersar
la solidaridad con Cuba, tener en el continente gobiernos dispuestos a aislar a Cuba y a apoyar
la línea autoritaria de Marco Rubio.

Agresores, títeres y el concurso de un amplio sector de la prensa que está comprometido con
el atraso político, han creado las condiciones para que figuras como Marco Rubio y Donald
Trump refuercen la agresión y exhiban con descaro la prepotencia imperialista.

En el gobierno de Joe Biden, Laura Richardson, desde la jefatura del Comando Sur, declaró sin
reparo el interés de Estados Unidos por el litio y por otros minerales. En septiembre pasado,
ante la ONU, Trump habla del petróleo de la Venezuela agredida y pisoteada diciendo que “el
botín es del vencedor”.

El poeta salvadoreño Roque Dalton describió en un brevísimo poema la prepotencia y el
abuso:

JURO QUE LO OÍ DECIR

«Salvo en una sociedad completamente justa,
lo mejor de la vida
es ser jefe.»

El poeta envía en esta breve exposición un mensaje muy claro: los jefes viven con miedo a la
toma de conciencia, porque con ella vendrá la justicia y desnudará la ilegitimidad.

Hoy, el mundo entero lo ha oído decir: “el botín es para el vencedor”. Es penoso parafrasear
en esta fecha al malogrado poeta salvadoreño. Da vergüenza y esa vergüenza solo se remedia
con la condena coherente y firme al saqueo y a la agresión.

Marco Rubio llama al pueblo cubano a integrarse a la CIA y Donald Trump exhibe barcos y
agentes, pero estas no son manifestaciones de valentía sino de miedo, miedo a que el avance
político desnude su condición de servidores de un poder criminal que utiliza su ambición y sus
delirios de grandeza en el intento de perpetuar el atraso político y la sumisión, un proyecto
condenado a la derrota.

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