Jueves  20 de Enero de 2022 | Última actualización 07:51 PM
Y siguen a caballo...
Por: ANULFO MATEO PÉREZ | 2:14 PM

Ayer se cumplieron 48 años del ajusticiamiento del tirano Rafael Leonidas Trujillo Molina, pero la fecha no alcanza el alborozo de otros tiempos, porque una buena parte de los que sufrieron tanto oprobio, ya no están en el mundo de los vivos. Colaboradores y allegados del “perínclito” de San Cristóbal que le sobreviven, y algunos de sus descendientes, han terminado justificándolo.

Eliminado Trujillo, la oligarquía intuyó que podía perder la hegemonía política, y cumpliendo órdenes del presidente John F. Kennedy y la CIA, derrocaron a Juan Bosch, el 25 de septiembre de 1963, conminándolo al destierro. Y para ello usaron al grupo militar trujillista, que no dudó en violentar el incipiente y débil proceso democrático.

Como sucede en casa del pobre, la felicidad que brotó a borbotones al conocerse la caída del dictador, el 30 de mayo de 1961, se ha ido apagando como la lumbre de una fina vela. Estados Unidos, pese a que deseábamos vivir en libertad, cinco años después con 42 mil marines estadounidenses impuso a Joaquín Balaguer, cortesano de la “Era”, que desgobernó durante 22 años.

Los distintos regímenes que hemos padecido, desde el final de esa cruel dictadura hasta nuestros días, han integrado en sus gabinetes a trujillistas-oligarcas de pura cepa o a los descendientes, que han tenido la audacia de reciclarse de generación en generación para mantenerse en el poder.

Durante la dictadura ilustrada de Balaguer nada cambió. Los herederos políticos de Trujillo encabezaron el gabinete. Se acunaron en las Fuerzas Armadas, Policía Nacional, las estructuras de inteligencia y seguridad nacional, tribunales... Nunca han sido desplazados.

Ellos han garantizado la continuidad de la inequidad social, de género, política y económica. Es así, los hijos y nietos de los más estrechos colaboradores de la tiranía quedaron insertados en las estructuras del Estado, amasaron fortunas, se hicieron oligarcas y ahí vegetan. Y los espacios democráticos han sido conquistados con duros sacrificios.

Busque usted los apellidos, y podrá identificarlos en la nómina pública; en los puestos más encumbrados de los tres poderes del Estado, donde han entronizado con sutileza el autoritarismo y el saqueo de los recursos públicos, mientras manipulan a los pobres, condicionando su pensamiento y accionar.

Así, el manjar sólo llega a la mesa de los que detentan ese poder espurio. La oligarquía y los halcones del imperio que le dijeron “basta ya” a Trujillo, se han alzado con todo, llevando al seno de cada gobierno de turno a quienes les representan, protegen y multiplican sus inmensas riquezas.

Ese poder propicia trampas electorales, pactos políticos y cambios en la Constitución; depredan bosques y ríos, reprimen al pueblo, lo corrompen con dádivas y le montan circos para alienarlo política e ideológicamente; han impedido los cambios estructurales de la sociedad para seguir a caballo… hasta un buen día.