Jueves  06 de Mayo de 2021 | Última actualización 08:13 PM
Cada época tiene su encanto
Por: LUIS RAMON DE LOS SANTOS (Monchín) | 3:47 PM

Es casi Nochebuena; diciembre llegó tan puntual como siempre, sólo que esta vez vino vestido con un ropaje distinto. Mi vida, ya en la recta, que de manera inevitable divisa la meta final, ha visto 72 diciembres; cada año lo mismo: se repiten las vivencias convertidas en recuerdos; se renueva el deseo de un prospero año nuevo; se añora hasta lo que no se tuvo y se espera como un niño en víspera de Reyes, que sea lo que pudo haber sido y no fue.

Es diciembre, casi en su final, y no podemos sustraernos al deseo de volver a ver a los ausentes; darles un abrazo a los presentes, aunque la mascarilla covidiana impida como un valladar impenitente la prodigación de besos contenidos.

Es diciembre y no se pueden olvidar otros diciembres. La juventud de hoy no conoció los míos; a ellos les hablaré más tarde; ahora quiero regodearme en pretéritas memorias decembrinas, con quienes conocieron y disfrutaron los míos.
Es cierto que cada época tiene su encanto; yo he tenido la dicha de estar presente en casi tres generaciones, años más, años menos. Cuando cierro los ojos para ver mejor, lo que he vivido trato de hacer un símil entre mi juventud y la de mis hijos y nietos.

Recuerdo mi casa en la calle 16 de agosto, número 43, hoy convertida en no se qué; la larga espera que precedía al 24 de diciembre; los afanes de doña Marina; la cena siempre opípara, como debe ser en Nochebuena; las teleras horneadas en la panaderia de mi vecino José el español, cuyo último suspiro lo exhaló en su amado San Sebastián; el toque entrañablemente alegre del trío que entonaba el "...víspera de Pascuas siendo Nochebuena...", y la alegría que provocaban los cohetes chinos, velas romanas y patas de gallina.

Sin embargo, y pensándolo mejor, creo que lo más importante de la fecha era la compañía de casi toda la familia, los que siempre estaban y los que llegaban de otras latitudes, aunque la lejanía se circunscribiera a sólo unas cuantas cuadras de distancia.

Esa era mi Navidad, la misma de Los Mendoza con su quejumbroso "campanitas que vais repicando, Navidad vais alegre cantando...", o la más lacrimógena plegaria decembrina que oídos humanos hayan escuchado jamas: "Hay que triste Navidad voy a pasar sin tí, solito aquí en mi hogar y tú lejos de mi...".
Hoy, todo es distinto; si bien cada época tiene su encanto, no cambio mis perennes melancolías por nuevas melancolías de hoy; las de ayer venían con lágrimas incluidas... y eso en Navidad, y siempre, sencillamente no tiene precio.

Boston, Massachusetts, Estados Unidos,
23 de diciembre, 2020.