Jueves  06 de Mayo de 2021 | Última actualización 09:16 AM
¡Oh, abulia maldita!
Por: LUIS RAMON DE LOS SANTOS (Monchín) | 12:15 PM

Hace un par de horas, minutos más, minutos menos, reeleí el magnífico poema de Mario de Andrade, titulado "Mi alma tiene prisa"; más que un poema es una guía magnifica que busca revalorizar el tiempo vivido, dignificar la experiencia y aprovechar las lecciones aprendidas.

Dice Mario: "Conté mis años y descubrí que tengo menos tiermpo para vivir de aquí en adelante que en el que viví hasta ahora", y es cierto cuando se trata de personas a las que como yo han visto más de 70 primaveras con sus respectivos otoños e inviernos.
Jamás pensé llegar a ser tan viejo, como pensarlo si fui desde que nací un perfecto indocumentado emocional, ni siquiera en la profundidad de mis versos emocionales más fantasiosos se planteo nunca la posibilidad de tener dentro del bolsillo la cartilla que me señalaba como ciudadano con todos los derechos civiles y políticos garantizados.

La utopía de ser autogarante de tu vida y la de los demás se borra de un plumazo cuando sientes que tu vida se rige por un código preestablecido tal vez concebido por burócratas alienados.
¿Qué es la vida?, me he preguntado con frecuencia; ¿qué es eso tan frágil que después de ser concebida como fruto natural de un acto de amor la pierdes sin aprovecharla como tantas veces ocurre?

Tal vez la respuesta la tuve desde que era un mozalbete deambulante por las calles de San Juan y pensándolo bien, parece que así fue, dentro de la intrincada maraña de mis recuerdos me veo saltar en los bancos del parquesito del Arco hasta detenerme en uno de ellos, que tenía una frase escrita con lápiz en el espaldar que decía así: "Vivir, nacer, reproducirse y morir, entonces, ¿para que vivimos?".

Esa frase que se quedó como un calco ígneo en mi mente estaba calzada con la firma de Sobiesky De León, no se si era de él o de otro pensador, al cabo de los años y despues de ser adulto pude llegar a la conclusion de que realmente la vida se resumia en eso mismo: nacer, reproducirse y morir, más nada.
Si la vida me hubiera dado la oportunidad de hablar con Mario de Andrade, con seguridad le hubiese comentado la frase de Sobiesky, aún con el temor de no saber si el hecho de no reproducirse hubiera sido un factor determinante para llegar a la conclusión de que no se ha vivido.