Sábado  08 de Mayo de 2021 | Última actualización 08:21 PM
República Dominicana: Mis recuerdos de la Guerra de Abril de 1965
Por: Rafael Pineda | 9:40 AM

El 24 de abril del 1965, día que empezó la revolución en la República Dominicana, yo era un muchacho que no había cumplido la mayoría de edad.

Vivía en la calle José del Carmen Ramírez detrás del parque José María Cabral, llamado socarronamente “Parquecito de los burros” (por causa de un pasado fundacional que no había sido olvidado). Era una plaza del tamaño regular de una cuadra, ornamentada con un arbusto que produce la flor de la cayena, una flor de rojo intenso a la que llamábamos “sangre de Cristo”. Ahí nos reuníamos para jugar bolitas, jugar al escondido y subíamos a los altos laureles los muchachos de ese barrio.

En recuerdo lejano la memoria me transmite la información de que era más o menos pasado el mediodía cuando, en el radio Philips de mi madre escuché las vibrantes exhortaciones patrióticas del locutor Luis Acosta Tejeda y la potente voz de José Francisco Peña Gómez haciéndole un llamado a todo ciudadano que se sintiera identificado con los ideales de la Constitución del 63 y con el retorno de Juan Bosch al poder, a manifestarse en las calles, concentrarse en las plazas públicas y esperar las instrucciones del movimiento insurreccional recién iniciado.

Tras 121 años de dictaduras la República Dominicana tuvo con Juan Bosch un primer gobierno democrático, respetuoso de los derechos humanos, con una auténtica plataforma de desarrollo económico, educativo, científico, industrial y cultural.

Su cautivante discurso lleno de imágenes realistas, sus novedosos enfoques sobre la confrontación entre el “tutumpote” y el “hijo de machepa”, su desbordante carisma, el vínculo diario con el pueblo, la sabiduría que transmitía acumulada por el contacto con la obra de Eugenio María de Hostos y Juan Jacobo Rosso, el acercamiento con la Ilustración y con los ideales de la Revolución Francesa, hicieron que, a su retorno tras largos años de exilio en Bolivia, Chile, Cuba, Puerto Rico, Guatemala, Venezuela y Costa Rica, los dominicanos lo viéramos como el Mesías que traía la redención a los oprimidos.