Opiniones

Efectividad de las políticas económicas en tiempos bélicos

Por BERNARDO HIRAN SANCHEZ MELO, Ph.D.

(Una evaluación a la gestión del Gobierno Dominicano)

El mundo está inmerso en el presente siglo XXI en la primera ola de altos precios de los alimentos, producto de conflictos geopolíticos. Todos los países del planeta, sin excepción, están recibiendo los efectos de las conflagraciones bélicas entre Rusia-Ucrania, Palestina-Israel, y las disrupciones comerciales entre Estados Unidos y China.

De forma directa, las guerras locales o regionales afectan las transacciones bilaterales comerciales o financieras de los países en conflicto al interrumpirse o ralentizarse el intercambio de mercancías, servicios o flujos de capitales. Y de manera indirecta, cuando se ven afectadas sus transacciones, intercambios comerciales, niveles de producción, precios internos, actividades financieras, debido a los incrementos bruscos de los agregados internacionales tales como los precios de las materias primas, de los combustibles, de la tasa de interés, o apreciación de las divisas fuertes como el dólar norteamericano.

En tanto, se debe conocer que los acontecimientos geopolíticos internacionales repercuten en la economía de un país atendiendo a el tamaño de su economía, grado de apertura comercial, su condición de aceptante de precios, tipo de bienes y/o servicios producidos, nivel de desarrollo de los servicios financieros existentes, nivel de dependencia económica y financiera, y nivel de desarrollo de su mercado de valores.

Por su parte la geopolítica amplía su campo de acción a las secuelas de la pandemia del Covid-19 en la población mundial, en añadidura a los temas propios de conflictos bélicos como la guerra entre Ucrania y Rusia, los ataques de los Yemenitas Huties a los barcos comerciales en el Mar rojo, la guerra Palestina-Israel y la prolongada guerra en Siria. Sin dejar de adentrarse en el análisis de las disrupciones en la logística del transporte marítimo y saturación de puertos, a los atascos de los sectores de producción de productos primarios como el petróleo, gas, soya, maíz, y de los sectores industriales que producen insumos para la agricultura y la pecuaria, como son los fertilizantes.

Es pues que, la guerra Ucrania-Rusia, y la conflagración entre Palestina e Israel abrieron una nueva fuente de incertidumbre para la economía mundial en su generalidad, para las regiones económicas como la Unión Europea, Latinoamérica y el Caribe, y de manera particular a los países de economías tomadores de precios, como es la República Dominicana. Debiéndose añadir el impacto en los agregados macroeconómicos las calamidades de la pandemia. Para lo cual el Gobierno Dominicano, de manera similar a otros gobiernos de la región, se ha visto en la necesidad de hacerle frente a la expansión monetaria derivada de las medidas dirigidas a contrarrestar los efectos económicos y sociales no deseados del Covid-19, asumiendo los incrementos en los costes internacionales de los fertilizantes para la agricultura, asistiendo a la población mediante programas sociales de alimentos y transferencias monetarias, aplicando incrementos en las tasas de interés de referencia ante el aumento significativo de los precios internos, entre otras medidas.

En ese orden, veamos los resultados de las medidas económicas adoptadas por el Gobierno dominicano, no sin antes referirme al grado de apertura de la economía dominicana, medida por el Coeficiente de Apertura, calculada a partir de la suma de las importaciones y exportaciones respecto al PIB. Esto así, por la relevancia que ocupa el sector externo para el país.

Así, la economía dominicana muestra un alto nivel de apertura en términos relativos, al mostrar una cifra de 38.7%, promediado a 14 años. Muy superior al grado de apertura de los Estados Unidos con cifras de 21.3% o China con 33.1%. Lo que hace de la economía dominicana muy dependiente del sector externo, principalmente por las importaciones. En efecto, las importaciones de bienes de consumo representan el 15.5% del PIB correspondiente al consumo final agregado; en tanto las importaciones de materias primas destinada a la agricultura representan el 6.5% del PIB agrícola, y las materias primas industriales importadas representan el 35.9% del PIB industrial nacional.

En su totalidad las importaciones nacionales representan 22.35% del PIB al 2022, representando las importaciones de combustibles y sus derivados un 5.25% del PIB, y un 23.51% de las importaciones nacionales, es decir de cada $1 peso importado de mercancías y materias primas nacionales 23.51 centavos corresponden a combustibles, prácticamente un cuarto de las importaciones nacionales.

Es pues que, aun a partir de la condición de país de economía abierta, aceptante de precios, con una alta dependencia económica del sector externo, el dinamismo de la economía dominicana logró una tasa de crecimiento de 2.4%, superior al dinamismo de Latinoamérica y El Caribe cuyo crecimiento se limitó al 2.3%, en el 2023. Superando el dinamismo de la región en los años pandémicos y bélicos, en el siguiente orden: primero, logrando contener la caída del PIB nacional en el 2020 a -6.7%, inferior al -7.0% de la Región; y luego, superando con creces el rebote de 7.3% de la región en el 2021, al incrementarse el producto nacional dominicano en un 12.3%.

En lo que respecta al aumento de los precios internos: luego de un incremento en el orden del 8.5% en el 2021 y 7.83% en el 2022, la inflación cedió en el 2023 a menos del 4.0% establecido para la inflación meta, al registrar un 3.57%.

Cabe destacar, al respecto que, el país pagó el precio de un mayor dinamismo económico, al verificarse cifras de inflación ligeramente superior al mostrado por la Región, al registrarse una inflación en el 2020 de 5.50%, superior al 3.0% de la región; 8.5% en el 2021, superior 7.6% de la región; y 7.83% en el 2022, inferior al 8.2% de la región. A partir de cuyo año las autoridades monetarias dominicanas prestan mayor atención a reducir los niveles inflacionarios hasta llevarlo al mencionado 3.57% en el 2023, siendo en la región 5.2%.

Es importante destacar la alta incidencia del incremento de los precios internos de los alimentos y bebidas no alcohólicas, al mostrar tasa de inflación de 7.91% en el 2020 y 11.19% en el 2022, con un valor de ponderación respecto a los bienes y servicios de la canasta de un 24%; seguida por las viviendas al mostrar una inflación de 9.07% en el 2022, y apenas un 0.12% en el 2023, con una ponderación de un 13.0% en la canasta familiar; en tanto los precios del  transporte disminuyó de 16.24% en el 2021 a 5.88% en el 2022, para caer abruptamente en el 2023 apenas al 1.10%, con un peso ponderado significativo de 17.0%.

Un buen indicador de la efectividad de una gestión de gobierno lo es la tasa de desocupación. Según la Encuesta de Trabajo del BCRD la tasa de desocupación en el 2023 es de 5.0%, prácticamente similar al 4.8% del 2022, e inferior al 7.4% y 7.1%, de los años de 2020 y 2021, respectivamente. Producto de la creación de 538,376 nuevos empleos, para un incremento de 12.5%, contabilizado en el tercer trimestre del 2023 respecto al cuarto trimestre del año pandémico del 2020. Sin embargo, debe destacarse la persistencia de los elevados niveles de ocupación en el sector informal, ascendente en el 2023 a 56.8% del total de ocupados.

El último Boletín de la Pobreza del MEPYD ubica el Índice de Pobreza monetaria, tanto en el área rural como urbana, en un 23.0%, en una clara tendencia de decrecimiento de los niveles de pobreza al reducirse en 7.4 puntos porcentuales desde el 2020, momento en que la pobreza rondaba en un 30.4% de la población.

Este indicador es uno de los más halagüeños, dado que las crisis económicas derivadas de crisis financieras, pandémicas, o bélicas tienden a desmejorar de manera abrupta los exiguos logros que los países tienden a alcanzar en el combate a la pobreza en largos períodos de crecimiento económico, esto así por los altos niveles de desigualdad económica prevaleciente en los países subdesarrollados.

En lo que respecta al desempeño fiscal la gestión de gobierno se mantiene en los parámetros establecidos en el Presupuesto de la Nación, al alcanzar la cifra de -3.1% en el 2023. Al respecto, cabe destacar el manejo, relativamente adecuado de la deuda pública, dado que desde el incremento a un 56.6% de la deuda respecto al PIB en el 2020, resultante de la necesidad de financiar las urgencias derivadas de la pandemia del Covid-19, el Gobierno ha venido mejorando la tendencia relativa de la deuda respecto al PIB, al colocarse en un 45.4% en el 2023.

Por último, un indicador de confiabilidad de un buen desempeño económico lo constituye los niveles de Inversión Extranjera Directa, IED, pues no sólo refleja la efectividad de las políticas económicas aplicadas por la gestión de un gobierno, sino también el apego a la institucionalidad que posibilita la buena gobernanza, la estabilidad económica y financiera que genera confianza en los inversionistas, la confianza en la capacidad del país de garantizar buenos resultados económicos en el mediano y largo plazo, y sobre todo la paz social, ¡tan necesaria para muchos países envueltos hoy en día en conflictos geopolíticos de carácter bélicos, sociales y territoriales!

  • El autor es economista.

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