
El bolero, vivo y eterno en su ruta melódica
Por LUIS RAMON DE LOS SANTOS (Monhín)
I
Es una realidad incontrovertible: la música chatarra, «irreciclable» y tóxica no ha podido desplazar al bolero, así como reza la conocida frase «Mientras haya una mujer habrá poesía» existe otra que dice «Bolero, alma, vida y corazón del amor». Y como el amor es la fuerza que mueve al mundo el bolero será su motor y matriz. A mucho más de un siglo, el bolero ha podido extender su existencia gracias a la diversidad con que se han vestido su armonía e intérpretes, los perfiles armónicos que lo definen se han ido adecuando a nuevas voces,
Cuba y México por ejemplo, se han ocupado de que el bolero continue siendo «la música de las músicas», organizando cada cierto tiempo festivales, conferencias y charlas en procura de que ese patrimonio inmaterial de la humanidad no perezca ante el embate de los disparates que hoy le explotan los oídos de cualquiera. Decía el ilustre investigador del bolero y colombiano universal don Jaime Rico Salazar que «el bolero es una variante del danzón cubano, en compás de dos por cuatro, basado como contradanza en el ritmo cinquillo», en otras palabras desde su génesis el bolero ha estado íntimamente ligado a la universalidad de otros aspectos musicales que aun se mantienen vigentes, y yo le agregaría como tesis de mi acendrado amor al bolero, que el mismo se mantendrá por siempre, gracias a la «copulación» de sus genes mas íntimos; los mismos que están tan adheridos como la hiedra a la roca de los sentimientos. Las Variantes sonoras del bolero que un sastre cubano llamado Pepe Sánchez descubriera, por no decir inventara, ha ido incorporando en su cuerpo original subgéneros muy importantes a través de los instrumentos musicales que lo respaldan, independientemente de los infaltables guitarras y maracas, podemos citar entre estos «aditamentos foráneos » a la marimbera o marimba, saxofones, bongoes, violines y trompetas «ensordinadas». El bolero interpretado de esa manera universaliza su armonía,




