Variedades

Luz de mercurio y Víctor Hugo Ayala

EXPRIMIENDO LA MEMORIA

Por LUIS RAMON DE LOS SANTOS (Monchin)

La vieja casa, localizada en la calle 16 de Agosto No. 44 donde nací, de repente, sin previo aviso, se llenó de guardias, policías y calieses, causando estupor. «¡¿Que está pasando, carajo…?!», dijo mi abuela Marina. «¡¿…y esto que significa?!», inquirió. Uno de los intrusos se adelantó y dijo: «Mamita no se asuste, es que dentro de un rato va a llegar a esta casa una sobrina del Jefe y estamos aquí para protegerla.

En efecto, minutos más tarde, bajaban de un lujoso automóvil Cadillac, de colores blanco y verde, dos mujeres, una de ellas era mi tía Genoveva, mejor conocida como Bebita, y la otra nada más y nada menos que Leda Trujillo Reynoso, sobrina del generalísimo Trujillo.

Tras los saludos y las presentaciones de rigor, supimos que Leda y Bebita habían llegado a San Juan de la Maguana para asistir a la inauguración y encendido del transformador que le ofrecería a la ciudad la «luz de mercurio», cuyo conmutador iba a ser operado por el mismísimo «Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva».

Leda era hija de Pipi Trujillo, hermano del Jefe y marido de la tía Genoveva, de muy baja estatura, y con un humor a toda prueba, nos contagió a todos con sus chistes medio pendejos de los cuales o nos reíamos o nos jodíamos.

Aproximadamente a las 7:00 de la noche el Generalísimo apretó el conmutador que elevaría a la ciudad de San Juan De la Maguana a la categoría de ciudad dotada del más moderno sistema de electricidad de la época.

La noche de ese día el Jefe iba a asistir a la cena que iba a ser ofrecida en su honor por el destacado munícipe don Pedro J. Heyaime, y de la cual hicimos referencia en nuestro artículo anterior. El hombre fuerte del país se notaba preocupado y ansioso, de repente llamó al general del Ejército Bonetti Burgos, jefe militar de la provincia, y le ordenó traer a San Juan De la Maguana a un joven cantante colombiano que se estaba presentando en el salón rojo del hotel El Embajador: Víctor Hugo Ayala.

Un helicóptero Alouette, de fabricación francesa, adquirido por la Aviación Militar Dominicana aterrizó en el patio interior de la fortaleza, trayendo al entonces joven bolerista, cuya carta de presentación era un bolero bellísimo, escrito por el español Carmelo Larrea, titulado «Que pare la vida».

Ayala, tenor de registros bellísimos, estaba residiendo involuntariamente en Ciudad Trujillo, dado que por ser uno de los favoritos del Jefe y su hermano José Arismendy, no se le permitió salir del país al término de su contrato.

Su actuación durante esa noche memorable consistió única y exclusivamente en interpretar «Que pare la vida», la cual hizo cinco veces consecutivas, tras las cuales el mismo helicóptero que lo transportó a San Juan le regresó a Ciudad Trujillo.

Leda y la tía Bebita se quedaron en San Juan de juerga en juerga, durmiendo en la vieja casa de la 16 de Agosto, la misma que parecía más que un hogar, una fortaleza.

Al despedirse nos regaló cinco pesos a cada muchacho, cien a mi madre y la misma cantidad a mi abuela; de más está decirles, que mis cinco pesos se convirtieron en 25 centavos, porque según mi madre, con 25 centavos era suficiente para un carajito.

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