Opiniones

Nashi

LECTURAS ACADEMICAS

Por BERNARDO HIRAN SANCHEZ MELO

En la ex Unión Soviética era frecuente escuchar a rusos, ucranianos y bielorrusos referirse a sus congéneres como los nuestros (наши), para exaltar su condición de pertenencia a un gran Estado nación que, por demás, se había convertido en una potencia mundial, sobre todo en el orden militar.

Así, los soviéticos, sobre todo los jóvenes, enaltecían con orgullo su nacionalidad, muchas veces dejando entrever cierto dejo de chovinismo nacionalista, esto a 70 años de haberse instaurado un Estado socialista con definidas políticas de carácter internacionalista.

Lo anterior, lo traigo a colación, por mi opinión, muy particular, de que quizás los líderes de los países occidentales, lejos de lograr revertir la reconquista de Crimea por parte de los rusos, estén avivando sus pasiones nacionalistas y, sobre todo, reviviendo los sentimientos de grandeza y poder, de tiempos pasados.

Así, de la historia se sabe que, la población rusa nunca ha sido doblegada. Aunque sí, una vez, fueron ocupados sus territorios por los mongoles a inicios del siglo XIII,  permaneciendo en gran parte de los dominios rusos por espacio de tres siglos,  aunque permitieron que los rusos administraran sus propios asuntos a través de sus príncipes, manteniéndose la organización política de Rusia en su totalidad.

De igual modo, la historia de hechos posteriores, conoce de las continuas guerras entre rusos y países occidentales, en los afanes expansionistas de las naciones imperiales, como lo fue en 1854, en el cual Rusia se enfrentó contra todos los Estados occidentales en la Guerra de Crimea, que para entonces apoyaban a Turquía en sus reclamos sobre la península de Crimea. Así, también se registra en la historia, la célebre invasión de ejército napoleónico en 1872, y la invasión alemana hitleriana, en 1942, ambas con efectos devastadores sobre la población y los territorios de Rusia, pero sin que los invasores cumplieran con su cometido de establecer control sobre la población rusa.

A todo lo anterior hay que agregar que, no se conoce en los anales de la historia ningún área poblada por nacionales rusos que haya sido escindida de sus dominios, que no fuese por algún caso  especial, como lo fue la secesión de Crimea en el 1954 a favor de Ucrania, por una decisión del entonces líder soviético de origen ucraniano Nikita Kruschev.

Así las cosas, los líderes europeos y norteamericanos saben perfectamente que los asuntos de territorialidad, en lo que respecta a Rusia, son de orden histórico y consustancial al devenir del pueblo ruso como nación. De forma que, aplicar la repetida receta de focalizar penalidades sobre autoridades específicas de un país que esté en rebeldía en contra de potencias occidentales, como lo hicieron con Muammar Gadafi, en Libia, o con Sadan Hussein, en Iraq, con el propósito de crear condiciones adversas en contra de sus Gobiernos, en el caso ruso, no aplica.

No aplica, porque los países occidentales saben que, los Gobiernos de la Federación Rusa obedecen a regímenes controlados por una poderosa nomenclatura compuesta por políticos, que ha semejanza de la ex Unión Soviética, pertenecen a una élite que controla los mecanismos de poder, y que hoy, aun cuando no existe un partido único, bajo la dirección de Putin controla el Gobierno en Rusia, obedeciendo, más que a poderosos grupos corporativos, varios de los cuales son grandes corporaciones mafiosas, a los intereses de una nación compuesta por 142 millones de habitantes, en cuyo territorio, de 17 millones de kilómetros cuadrados, se encuentran las mayores riquezas del mundo. Con inagotables reservas acuíferas y coníferas, con las mayores reservas de recursos minerales de cualquier país del mundo, incluyendo las reservas de combustibles minerales más abundantes en territorio alguno, estimándose que posee la mitad de todo el carbón del planeta, e incluso las mayores reservas de petróleo y el 40% de las reservas mundiales de gas natural.

A todo esto se añade, que los líderes de los países occidentales beligerantes saben que la formalidad de establecer sanciones sobre la dirigencia rusa, no irá más allá de simples amonestaciones, pues siempre han tenido conciencia de que el gatillo del arsenal atómico de Rusia, nunca ha estado, ni estará en manos de grupos corporativos económicos, sino precisamente en manos de la élite política rusa, la misma que los occidentales quieren penalizar, pero que saben que son la verdadera garantía de que el gran oso ruso siga su largo invernadero de la era postsoviética.

Por eso, los dirigentes occidentales no hablan de penalizar a Rusia como pueblo, porque saben de su heroicidad y capacidad combativa, demostrada en plena Guerra Mundial, al desarrollar, en un breve tiempo, los temibles tanques T-34 que pudieron contrarrestar los imbatibles Panzers alemanes, y los veloces aviones MIG, y fabricar el arma más eficiente en combate: las AK-47. Y ni que decir de la capacidad científica y tecnológica de haber desarrollado la bomba atómica, poco después que los norteamericanos y entrar en una competencia aero espacial con los propios Estados Unidos.

De ahí que la situación de Crimea no pasará más allá de cada quien mostrar sus músculos, entiéndase su fortaleza militar, sin que ningún bando alardee, claro está, sobre su capacidad atómica. Así que, será algo parecido a dos vecinos cuando se disputan algo que, uno sabe que le pertenece al otro, pero no lo quiere admitir, en donde ambos se saben que por sus fortalezas, sólo se limitan a mostrar sus músculos, pero no más de ahí, porque ir más allá significa la destrucción de los dos.

  • El autor es economista, Ph.D.

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