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24 de abril de 1965: 61 años de la epopeya inconclusa de la dignidad dominicana

Por CLARA E. MARTINEZ FERNANDEZ

SANTO DOMINGO.– Cada 24 de abril, la memoria nacional vuelve a encenderse con el eco de una insurrección que desbordó los cuarteles y se hizo pueblo. La Revolución de Abril de 1965 no fue solo un alzamiento militar: fue una irrupción colectiva en defensa de la Constitución y de la legitimidad quebrantada tras el derrocamiento del profesor Juan Bosch el 25 de septiembre de 1963.

Han transcurrido 61 años desde aquel estallido histórico, y la pregunta sobre sus resultados sigue abierta, latiendo entre avances democráticos y deudas persistentes.

La chispa inicial surgió en el seno de las Fuerzas Armadas, cuando oficiales jóvenes y sectores comprometidos con el orden constitucional decidieron romper con la imposición del Triunvirato. Aquellos militares, pronto conocidos como “constitucionalistas”, encontraron en el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó un liderazgo firme, audaz y simbólico.

Bajo su conducción, la causa dejó de ser un asunto castrense para convertirse en un movimiento cívico-militar de dimensiones nacionales.

Las calles de Santo Domingo se poblaron de barricadas, consignas y esperanza. Las organizaciones políticas jugaron un papel decisivo: el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), el Partido Comunista Dominicano (PCD), el Movimiento Revolucionario 14 de Junio (1J4) y el Movimiento Popular Dominicano, confluyeron en la defensa del retorno constitucional.

En medio del fragor, la voz de José Francisco Peña Gómez resonó por la radio, convocando al pueblo a lanzarse a las calles, a resistir, a no ceder ante la ruptura del orden democrático.

Pero la correlación de fuerzas cambió drásticamente con la intervención de Estados Unidos. Bajo el argumento de evitar una supuesta expansión comunista, más de 42 mil marines desembarcaron en territorio dominicano, en una operación que marcó uno de los episodios más controversiales de la Guerra Fría en el Caribe.

La presencia militar extranjera inclinó la balanza y terminó sofocando el impulso revolucionario, abriendo paso a una salida negociada que no restituyó a Bosch en el poder sin elecciones, como exigían los constitucionalistas.

A más de seis décadas, el balance de aquella epopeya es complejo. La Revolución de Abril reafirmó la vocación democrática del pueblo dominicano y dejó una huella indeleble en la conciencia nacional. Sin embargo, también evidenció la fragilidad institucional, la injerencia externa y las limitaciones estructurales que aún condicionan la soberanía plena.

Hoy, diversas organizaciones sociales, políticas y culturales han anunciado actividades conmemorativas en todo el país.

En Santo Domingo, se prevén actos en el Puente Duarte, la Zona Colonial y la Plaza de la Bandera; en Santiago y San Juan de la Maguana, marchas, ofrendas florales y conversatorios recordarán la gesta. Colectivos populares han reiterado que la mejor forma de honrar abril es mantener viva la lucha por la justicia social, la equidad y la defensa de los recursos nacionales.

Más que una efeméride, el 24 de abril sigue siendo una interpelación. ¿Cuánto de aquel sueño de soberanía, participación y dignidad se ha materializado? ¿Cuánto queda aún por conquistar?

La respuesta no está sólo en los libros de historia, sino en las calles, en las decisiones políticas y en la conciencia de un pueblo que, una vez, decidió no callar.

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