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Carreras clandestinas en motocicletas: una peligrosa práctica que pone vidas en riesgo

Por JAVIER PEGUERO

  • El auge de las competencias ilegales y las modificaciones de motores amenaza a conductores, peatones y demás usuarios de las vías públicas.

SANTO DOMINGO.- Las carreras clandestinas de motocicletas y pasolas constituyen una peligrosa práctica que continúa generando preocupación por el riesgo que representa para quienes participan en ellas y para conductores, peatones y residentes de las zonas donde suelen realizarse.

El problema no se limita a la velocidad. Muchos aficionados realizan importantes inversiones para modificar sus motocicletas, alterar motores, escapes y otros componentes con el propósito de aumentar su potencia y rendimiento. Sin embargo, trasladar esas modificaciones a calles y avenidas para competir convierte una afición en una actividad de alto riesgo.

La Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT) ha identificado las competencias de velocidad entre las conductas que representan peligro en las vías públicas. En 2025 fiscalizó a 834,113 conductores de motocicletas y retuvo 81,107 unidades por diferentes violaciones a la Ley 63-17, incluyendo la participación en competencias de velocidad.

La magnitud del problema también queda reflejada en las operaciones contra las carreras ilegales. Durante 2024, la DIGESETT reportó la intervención de 16 intentos de carreras clandestinas, con la retención de 176 motocicletas modificadas, tres pasolas, un four wheel y siete camionetas.

La situación ha sido denunciada recientemente en distintos puntos del país. En junio de 2026, por ejemplo, residentes de San Francisco de Macorís alertaron sobre carreras de motocicletas realizadas en importantes avenidas, donde los participantes convierten temporalmente las calles en improvisadas pistas de velocidad, poniendo en peligro a peatones, comerciantes y otros conductores.

La Ley 63-17 establece el marco jurídico dominicano en materia de movilidad, tránsito y seguridad vial, y reconoce las vías públicas como espacios destinados al desplazamiento seguro de personas y vehículos. La propia legislación advierte sobre las consecuencias sociales de los siniestros viales, entre ellas muertes, lesiones y daños materiales.

Las autoridades han desarrollado operativos para enfrentar esta práctica. En Hato Mayor, la Policía Nacional informó en 2025 la detención de 15 personas y la retención de 35 motocicletas, pasolas y motores vinculados a carreras clandestinas y maniobras temerarias conocidas popularmente como “calibrar”.

La velocidad no puede estar por encima de la vida. Ninguna carrera merece una lesión permanente, una tragedia familiar o la pérdida de una existencia. Quienes disfrutan de las motocicletas y de la velocidad deben procurar espacios autorizados y condiciones controladas para practicar, evitando convertir las calles, avenidas y carreteras en pistas improvisadas.

Disfrutar de una motocicleta es perfectamente compatible con la responsabilidad. La vía pública, sin embargo, no es una pista de carreras. El respeto a las normas de tránsito, el uso del casco protector, la conducción prudente y la intervención oportuna de las autoridades son indispensables para evitar que una diversión termine en tragedia.

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