Opiniones

Antes de unir a la izquierda, construyamos la fuerza que vamos a unir

Por FELIPE LORA LONGO

Durante años he sostenido que la unidad no constituye, por sí sola, la solución a los problemas de la izquierda dominicana. Continúo pensando lo mismo.

Nuestra debilidad no se explica solo por el hecho de que haya muchas organizaciones. También pesan la limitada presencia territorial, la escasa incorporación de nuevos militantes, la escasa formación de organizadores, el insuficiente trabajo permanente en las comunidades y la tendencia a reactivarnos cuando se acercan las elecciones para luego volver a la dispersión.

Unir esas debilidades no las elimina.

Pero hoy existe un hecho que tampoco debemos ignorar: en numerosas organizaciones y entre muchos militantes vuelve a crecer el deseo de unidad y de construir una alternativa política.

Quienes hemos advertido sobre las limitaciones de experiencias anteriores no deberíamos colocarnos ahora en la acera esperando otro fracaso para después decir: “Lo advertimos.”

Si tantos compañeros consideran que ha llegado el momento de intentarlo nuevamente, corresponde participar, aportar y ayudar a que esta vez salga mejor.

No he cambiado mi diagnóstico. Ha cambiado la pregunta que considero más útil.

Ya no se trata de discutir:

¿Unidad sí o unidad no?

Sino:

¿Qué debemos hacer para que esa unidad sea más fuerte y duradera que las anteriores?

¿Qué fuerza vamos a unir?

Antes de discutir nombres, estructuras o candidaturas, cada organización debería preguntarse:

¿Qué fuerza concreta podemos aportar?

¿Cuántas comunidades organizamos?
¿Cuántos militantes activos tenemos?
¿Cuántos jóvenes y cuántas mujeres estamos incorporando?
¿Cuántos nuevos dirigentes formamos?
¿Qué luchas acompañamos?
¿Dónde tenemos presencia permanente?

Una unidad entre organizaciones que crecen y trabajan junto al pueblo tendrá posibilidades muy distintas a las de otra construida principalmente mediante acuerdos entre direcciones.

Por eso, el actual debate sobre la unidad puede convertirse en una gran oportunidad para fortalecer primero a cada organización.

Que cada una salga de sus locales, regrese a sus comunidades, forme organizadores, descubra nuevos dirigentes y amplíe su influencia.

La mejor contribución que una organización puede hacer a la unidad es llegar a ella más fuerte de lo que es hoy.

Empecemos trabajando juntos

Tampoco necesitamos resolver todas nuestras diferencias para comenzar.

Podemos coincidir en la defensa del agua, de los salarios, de la seguridad social, de los recursos naturales, de los derechos laborales, de la soberanía nacional o en cualquier lucha comunitaria concreta, sin abandonar nuestras respectivas identidades.

Trabajar juntos puede enseñarnos más que muchas reuniones sobre la unidad.

En la práctica descubriremos quién cumple, quién respeta los acuerdos, quién comparte responsabilidades y quién sabe colocar los intereses populares por encima de las siglas.

La unidad en la acción puede ser la escuela de una unidad política futura.

Incluso podríamos comenzar de manera muy sencilla: cada organización selecciona una comunidad, forma un pequeño equipo, escucha a sus habitantes, identifica un problema y ayuda a organizar una respuesta colectiva.

Dentro de un año podríamos reunirnos no solo para hablar de unidad, sino también para mostrar lo que hemos construido.

¿Y las elecciones de 2028?

También debemos discutirlas sin ilusiones, pero sin miedo.

Participar puede ser necesario y conveniente. Y debemos aspirar a obtener todos los votos y las posiciones que podamos conquistar.

Pero una alternativa todavía en construcción no debería medir su éxito exclusivamente por la conquista inmediata de la Presidencia.

Las elecciones también pueden servir para presentar un programa mínimo de gobierno, dar a conocer una alternativa, incorporar nuevos ciudadanos, descubrir dirigentes y extender nuestra organización a nuevas comunidades.

El objetivo debe ser que, el día después de las elecciones, haya más organización que el día anterior.

Si 2028 deja nuevos comités, nuevos organizadores, nuevos dirigentes, nuevas comunidades incorporadas y miles de ciudadanos convencidos de que otra nación es posible, habremos avanzado, independientemente del resultado presidencial.

Ayudar a que esta vez sea diferente

No escribo esto para obstaculizar ningún esfuerzo unitario.

Todo lo contrario.

Si hoy existe una voluntad genuina de acercamiento, debemos ayudar a que prospere.

Pero ayudar no significa olvidar las lecciones anteriores.

Podemos aprovechar el deseo de unidad para fomentar la organización.

Podemos aprovechar las conversaciones entre organizaciones para impulsar el trabajo conjunto.

Podemos aprovechar las elecciones para crecer.

Y podemos aprovechar ese crecimiento para construir una unidad mucho más poderosa que la simple suma de siglas.

No se trata de demostrar quién tuvo razón respecto de los fracasos anteriores.

Se trata de ayudar a que esta vez sea diferente.

Por eso, antes de preguntarnos solamente quién se une con quién, propongo otra pregunta:

¿Qué podemos hacer desde hoy para que, cuando llegue el momento de unir nuestras fuerzas, realmente tengamos las fuerzas para hacerlo?

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