
Alcohol: cuando la bebida deja de ser placer y se convierte en enfermedad
- Por SALVADOR E. BATISTA VALENZUELA
SANTO DOMINGO.- La ingestión abusiva de alcohol constituye mucho más que un hábito social o una conducta aparentemente inocente. Cuando el consumo se hace excesivo, frecuente y difícil de controlar, puede convertirse en un trastorno capaz de deteriorar simultáneamente la salud física, mental, familiar, laboral y social del individuo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el alcohol está relacionado causalmente con más de 200 enfermedades, traumatismos y otros problemas de salud.
El psiquiatra y escritor dominicano Anulfo Mateo Pérez, en su obra Temas de salud mental, dedicó especial atención al alcoholismo, abordando sus efectos tóxicos, repercusiones somáticas, relación con la sexualidad, impacto laboral y consecuencias sociales.
Su planteamiento conserva vigencia: el bebedor problemático no solo deteriora su organismo, sino que puede terminar atrapado en un círculo de pérdidas afectivas, familiares, económicas y laborales que alimentan nuevamente su consumo. Uno de los aspectos más preocupantes es la estrecha relación entre alcohol, depresión y ansiedad.
Consumo de alcohol y la vida
Algunas personas recurren a la bebida intentando aliviar preocupaciones, angustias, frustraciones o estados depresivos; sin embargo, el alivio es transitorio y puede dar paso a mayor ansiedad, irritabilidad, sentimiento de culpa y abatimiento. OMS reconoce una asociación clara entre el consumo perjudicial de alcohol y trastornos como depresión, ansiedad y conducta suicida.
El insomnio también puede formar parte de esta peligrosa cadena. Aunque el alcohol puede producir somnolencia inicial, altera la arquitectura normal del sueño y favorece despertares, descanso insuficiente y fatiga diurna.
De esta manera, quien bebe para “dormir mejor” puede terminar dependiendo de la sustancia para conciliar el sueño, agravando el problema. En personas dependientes, además, la reducción brusca del consumo puede provocar ansiedad, temblores e insomnio, y en casos graves un síndrome de abstinencia que requiere atención médica.
Violencia verbal y física
Otro capítulo particularmente doloroso es el de la violencia verbal y física. La intoxicación etílica puede disminuir el autocontrol, aumentar la impulsividad y facilitar comportamientos agresivos. Las discusiones con la pareja, los insultos, amenazas, golpes y otras formas de violencia pueden convertirse en una rutina destructiva.
La OMS incluye entre las lesiones asociadas al alcohol la violencia de pareja, las agresiones sexuales, los traumatismos y otros daños, afectando no solamente al consumidor sino también a quienes lo rodean.
La sexualidad tampoco queda al margen. El consumo excesivo y prolongado puede afectar el deseo, la respuesta sexual y el rendimiento, convirtiéndose en causa de conflictos de pareja y deterioro de la autoestima.
Psiquiatra cubano opina respecto al tema
Ricardo González Menéndez, destacado psiquiatra cubano y estudioso de las adicciones, investigó precisamente el comportamiento sexual del paciente alcohólico y su pareja, además de desarrollar una extensa obra sobre alcoholismo, psicoterapia y tratamiento de las adicciones.
La salud física
En el terreno físico, las consecuencias pueden ser devastadoras: enfermedad hepática, pancreatitis, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, determinados tipos de cáncer, lesiones neurológicas y accidentes, entre otras. El alcohol es además un carcinógeno reconocido y su consumo se relaciona con cánceres de hígado, mama, esófago, cabeza, cuello, colon y recto.
Por eso, hablar de alcoholismo es hablar también de una enfermedad que puede comprometer progresivamente prácticamente todo el organismo.
Pero quizás el drama más visible aparece en el ámbito intrafamiliar y social. El dinero destinado a la bebida puede desplazar las necesidades del hogar; las ausencias, irresponsabilidades y conflictos deterioran la convivencia; los hijos pueden quedar expuestos a abandono emocional, discusiones y violencia.
El psiquiatra González Menéndez defendió una visión integral del paciente, entendiendo al ser humano desde sus dimensiones biológica, psicológica, social, cultural y espiritual, enfoque especialmente importante en las adicciones.
Finalmente aparece la repercusión laboral: ausentismo, impuntualidad, disminución del rendimiento, accidentes, conflictos con compañeros y superiores y, en numerosos casos, pérdida del empleo.
La OMS reconoce expresamente que el consumo nocivo de alcohol puede conducir a problemas familiares, laborales y financieros, incluido el desempleo. Como señalaba el enfoque de los psiquiatras Mateo Pérez y González Menéndez, la recuperación no consiste simplemente en dejar de beber: exige reconstruir la salud, la autoestima, las relaciones familiares y la capacidad de reintegrarse productivamente a la sociedad.




