
Cuba rechaza acto subordinación gobierno de República Dominicana a la política agresiva de EE.UU.
Por CLARA E. MARTINEZ FERNANDEZ
- La Habana califica de “acto de subordinación” la salida de funcionarios cubanos, mientras sectores de la izquierda dominicana cuestionan el giro de la política exterior de Luis Abinader.
SANTO DOMINGO.- El Gobierno de Cuba reaccionó con dureza a la decisión de República Dominicana de ordenar la salida del país de nueve funcionarios de su embajada y sus familiares, medida que La Habana interpreta como una expresión de subordinación de la política exterior dominicana a los intereses de Estados Unidos.
La Cancillería dominicana confirmó que nueve funcionarios de la misión diplomática cubana deberán abandonar el territorio nacional en un plazo de siete días, pero hasta el momento no ha ofrecido públicamente las razones específicas que motivaron la decisión.
La medida se fundamenta en las prerrogativas contempladas por la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, que permite a un Estado declarar persona non grata a integrantes de una misión extranjera sin estar obligado a explicar públicamente sus motivos.
Controversia
El dato ha generado una particular controversia, porque mientras la República Dominicana mantiene silencio sobre las causas concretas de la expulsión, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba asegura que sus diplomáticos han actuado dentro de las normas internacionales y con respeto a las leyes dominicanas.
La Cancillería cubana denunció que “no existe motivo alguno” que justifique la medida y sostuvo que detrás de ella estaría la presión de Washington para profundizar el aislamiento internacional de la isla.
La Habana también vinculó el episodio con decisiones anteriores del Gobierno del presidente Luis Abinader, particularmente la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela de la X Cumbre de las Américas.
Mirex dominicano
En aquella ocasión, el Ministerio de Relaciones Exteriores dominicano argumentó que la decisión buscaba garantizar la mayor participación posible y preservar el éxito del encuentro, en un contexto de creciente polarización política en el hemisferio. La propia Cancillería dominicana sostuvo entonces que, pese a las diferencias políticas, las relaciones con Cuba eran históricas, sólidas y excelentes.
El Gobierno dominicano ha venido desarrollando una política exterior más estrechamente vinculada con Washington en asuntos hemisféricos, particularmente frente a Venezuela y Cuba.
Esa orientación también se ha expresado en el discurso oficial dominicano sobre democracia, derechos humanos y gobernabilidad regional. Para el Ejecutivo, sus posiciones responden a decisiones soberanas y a la defensa de sus intereses nacionales, y no necesariamente a instrucciones de Estados Unidos.
La opinión
Pero la izquierda dominicana observa el episodio desde una perspectiva diametralmente opuesta. Sectores políticos y sociales vinculados a posiciones progresistas y de solidaridad con Cuba han cuestionado que Santo Domingo profundice el distanciamiento con La Habana, considerando que la República Dominicana posee una relación histórica con el pueblo cubano que trasciende las diferencias ideológicas entre gobiernos. En ese sector se interpreta la expulsión como un retroceso en la tradición de solidaridad caribeña y latinoamericana.
Maximo Gómez y Cuba
Los críticos recuerdan, además, los profundos vínculos históricos entre ambas naciones. Dominicanos como Máximo Gómez participaron decisivamente en las luchas independentistas cubanas, mientras Cuba ha mantenido durante décadas vínculos de cooperación con República Dominicana en áreas como salud, educación, cultura y formación profesional. El propio Gobierno dominicano reconoció en 2025 que esos intercambios bilaterales no se habían interrumpido y que habían resultado mutuamente beneficiosos.
La controversia adquiere mayor dimensión porque no se trata de una ruptura de relaciones diplomáticas. La embajada cubana continúa funcionando en Santo Domingo y el embajador cubano no figura entre los funcionarios afectados, por lo que, al menos por ahora, el episodio representa un fuerte deterioro de las relaciones bilaterales, pero no el rompimiento formal entre ambos Estados.
Nueva señal de la política estadounidense dirigida contra La Habana
Desde la perspectiva cubana, sin embargo, la expulsión constituye una nueva señal de la política estadounidense dirigida contra La Habana. La izquierda dominicana coincide en buena medida con esa lectura y advierte que República Dominicana no debería convertir su política exterior en una extensión de las prioridades geopolíticas de Washington.
El Gobierno de Abinader tiene, por su parte, la responsabilidad de explicar al país las razones concretas que llevaron a adoptar una medida de semejante alcance. Si existen razones de seguridad, inteligencia, interferencia política o cualquier otra circunstancia que comprometa los intereses nacionales, corresponde a las autoridades ofrecer, dentro de los límites que imponga la diplomacia, una explicación que permita despejar las interrogantes.
¿Una interrogante?
Mientras tanto, queda planteada una pregunta que trasciende la expulsión de los diplomáticos: ¿hasta dónde debe llegar el alineamiento estratégico de República Dominicana con Estados Unidos cuando están de por medio sus tradicionales vínculos con otros pueblos latinoamericanos y caribeños?
La historia dominicana y cubana demuestra que los vínculos entre ambos pueblos son mucho más antiguos que las coyunturas políticas actuales. Por ello, el conflicto diplomático de este momento no debería convertirse en una fractura entre dos pueblos que han compartido luchas, cultura, solidaridad y una historia común en el Caribe.




