
Desafíos y oportunidades de la IA para duplicar la economía dominicana al 2026
LECTURAS ACADEMICAS
Por BERNARDO HIRAN SANCHEZ MELO
Durante la clausura del Foro Económico Euroasiático, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, advirtió sobre un escenario que ya comienza a perfilarse en diversas economías del mundo: millones de personas podrían perder sus empleos o verse obligadas a cambiar de actividad
como consecuencia de la rápida expansión de la inteligencia artificial.
Más allá del origen político de la afirmación, el señalamiento reabre un debate económico-social de primer orden: ¿conducirá la inteligencia artificial a una destrucción masiva de empleos o, por el contrario, abrirá nuevas oportunidades de crecimiento, productividad y generación de riqueza?
Este planteamiento abre una discusión que no debe limitarse a lo meramente teórico ni quedar atrapada en el contexto político en que pueda ser formulada, pues la inteligencia artificial está
transformando procesos productivos, modelos de negocio, servicios profesionales, gestión pública, logística, comercio, finanzas, educación y organización del trabajo.
Desde el punto de vista económico, sin embargo, el problema no debería plantearse únicamente en términos de sustitución de empleos. Para países como la República Dominicana, la cuestión fundamental consiste en determinar si la inteligencia artificial puede convertirse en una
herramienta capaz de elevar la productividad del trabajo, del capital y de las instituciones.
Para la República Dominicana, este debate tiene una relevancia estratégica. El país se ha propuesto, mediante la iniciativa Meta RD 2036, duplicar el tamaño de su economía y avanzar hacia una estructura productiva de mayores ingresos, competitividad y bienestar social.
La magnitud del desafío es considerable. Aunque la República Dominicana ha sido una de las economías más dinámicas de América Latina durante las últimas décadas, el crecimiento futuro tendrá que descansar cada vez más en aumentos de productividad y no solamente en
la expansión de los factores tradicionales de producción. Esta exigencia se vuelve más apremiante en la medida en que la disponibilidad de trabajo y capital tiende a aproximarse a sus límites
potenciales.
La dimensión de este reto puede apreciarse al analizar conjuntamente los datos del producto y de la fuerza laboral. Aun suponiendo que la población ocupada continúe creciendo durante los próximos años a una tasa promedio anual de 0.7%, dicho aumento sería insuficiente, por sí
solo, para explicar una duplicación de la economía.
En efecto, para elevar el PIB per cápita de US$11,753.84 a US$23,507.67 hacia el año 2036, el crecimiento acumulado de la población ocupada aportaría apenas alrededor de un 7.0% al incremento requerido del PIB en dólares.
En consecuencia, el restante 93.0% tendría que provenir de una mejora sustancial de la productividad laboral, cuyo aumento acumulado debería situarse en torno al 85%–90%, dependiendo de la trayectoria efectiva del empleo y de la población total. Por el contrario, si se mantuviera constante el nivel actual de productividad por trabajador, sería necesario duplicar la población ocupada,
escenario que, dada la restricción demográfica del país, resulta inviable. De ahí que la meta de duplicar el PIB per cápita hacia 2036 dependa fundamentalmente de un salto estructural en la productividad, y no simplemente de una mayor incorporación de trabajadores al mercado
laboral.
Y es precisamente aquí donde adquiere relevancia la inteligencia artificial.
No obstante, antes de asumir que la IA resolverá automáticamente este problema, conviene recordar una lección fundamental de la historia económica: la tecnología por sí sola no genera productividad.
La estructura productiva dominicana ofrece importantes oportunidades en este sentido. Los registros del Banco Central evidencian que las actividades de intermediación financiera, telecomunicaciones, energía, zonas francas y determinadas ramas manufactureras generan niveles de valor agregado por trabajador significativamente superiores al promedio de la economía.
Por el contrario, sectores intensivos en mano de obra presentan niveles relativamente menores de productividad laboral, como ocurre en el comercio, los servicios profesionales, la enseñanza y el sector agropecuario. Esta heterogeneidad constituye uno de los principales retos estructurales de la economía dominicana.
La experiencia internacional demuestra que los países que han logrado acelerar su crecimiento económico de manera sostenida han sido precisamente aquellos capaces de reducir estas brechas mediante la incorporación de innovación, tecnología, capacitación y mejoras organizacionales. En consecuencia, el desafío de la Meta RD 2036 no consiste únicamente en expandir la producción, sino en elevar sustancialmente el valor agregado generado por cada trabajador dentro de cada sector económico.
En específico, en sectores estratégicos de la economía dominicana, la inteligencia artificial ofrece múltiples oportunidades para elevar la productividad y la generación de valor agregado. En el turismo, puede contribuir a una mejor gestión de la demanda, la personalización deservicios, la planificación de rutas, la optimización de las operaciones hoteleras y la promoción inteligente de destinos. En la agricultura, facilita un uso más eficiente del agua, la predicción de rendimientos, el control de plagas, la trazabilidad de los productos y la reducción de pérdidas en las distintas etapas de la producción.
En la manufactura y las zonas francas, favorece el fortalecimiento de los sistemas de control de calidad, la automatización de procesos, el mantenimiento predictivo de equipos y una mayor integración a las cadenas globales de valor. En el transporte y la logística, contribuye a optimizar la planificación de flotas, la movilidad urbana, la gestión portuaria, el almacenamiento y la distribución de mercancías.
Por su parte, en la administración pública, puede simplificar trámites, reducir tiempos de respuesta, fortalecer los mecanismos de fiscalización y elevar la calidad de los servicios ofrecidos a los ciudadanos.
Sin embargo, los beneficios potenciales de estas tecnologías no se distribuirán automáticamente entre todos los sectores de la sociedad. Su aprovechamiento dependerá de la capacidad del país para formar capital humano, fortalecer la infraestructura digital, reducir brechas territoriales, apoyar la innovación empresarial y orientar la adopción tecnológica hacia objetivos de productividad y bienestar.
Ante este panorama, el sistema educativo nacional adquiere una importancia decisiva. La verdadera amenaza no es la inteligencia artificial en sí misma, sino la insuficiente preparación de las personas para convivir con ella y aprovechar sus ventajas.
Asimismo, será necesario fortalecer las políticas públicas orientadas a la innovación, la investigación científica, la infraestructura digital, la conectividad y la adopción tecnológica. La inteligencia artificial solo podrá convertirse en una palanca de desarrollo si se articula con una estrategia nacional de productividad, transformación productiva y capacitación laboral.
De modo que la verdadera pregunta no es si la inteligencia artificial transformará la economía dominicana. La transformación ya ha comenzado. La cuestión decisiva consiste en determinar si el país será capaz de utilizar esta revolución tecnológica para duplicar su productividad y convertirla en uno de los principales motores para alcanzar la Meta RD 2036.
En suma, la inteligencia artificial no debe ser vista únicamente como una amenaza laboral ni como una promesa automática de prosperidad. Su verdadero valor económico dependerá de la capacidad de la República Dominicana para convertir esta revolución tecnológica en una palanca de productividad, competitividad y bienestar social.
- El autor es economista, Ph.D.



