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El Nobel de Corina Machado se lo negaron al coronel Bartolomé Benoit

Por RAFAEL PINEDA

Ahí va Corina Machado, levantando orgullosa el premio más influyente de la historia, el Nobel de la Paz. Trata de sonreír y no puede, la carga es muy pesada, no sabe cómo la pusieron en sus hombros.

El Nobel, por decisión de su creador, es un reconocimiento que se le otorga a la persona que durante el año anterior le haya prestado a la humanidad grandes servicios, trabajando a favor de la promoción de acuerdos que busquen entendimiento y fraternidad entre las naciones.

Méritos que no se les conocen a la galardonada. Por el contrario, solicitó al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu que intervenga en Venezuela y en esto, su postura es muy parecida a la del coronel dominicano Pedro Bartolomé Benoit, jefe de la aviación y presidente de una Junta Militar golpista, quien en 1965 solicitó dos veces al presidente Lyndon B. Johnson, que envíe sus tropas a invadir República Dominicana para instaurar la paz, a su gusto y estilo.

Cito al embajador John Bartlow Martin: “…el coronel Benoit, en representación de la Junta solicitó formalmente por escrito del gobierno de los Estados Unidos que proporcionase su “ayuda militar inmediata y sin límites” para terminar con la rebelión que, según declaraba la Junta, estaba dirigida por comunistas armados que querían convertir el país en otra Cuba”.

Ese mismo día más de mil dominicanos murieron combatiendo contra tropas invasoras en La Batalla del Puente Duarte, una de las más heroicas de la historia nacional.

Si hoy la Academia ha honrado a la líder extremista venezolana por acciones idénticas a las de aquel jefe castrense, los académicos suecos actuaron de manera injusta y discriminatoria, tal vez porque fuera un negro dominicano, al declarar desierto el premio el año 1966, negándole el Nobel a Pedro Bartolomé Benoit, a quien legítimamente le correspondía por la misma razón que hoy se lo otorgan a Corina Machado, quien es la segunda mujer, y la séptima personalidad latinoamericana que recibe el premio definido por el Diccionario Oxford de Historia Mundial Contemporánea como el “más prestigioso del mundo, otorgado para la preservación de la paz”.

En el pasado fueron reconocidos los latinoamericanos Carlos Saavedra y Adolfo Pérez Esquivel
(Argentina); Alfonso García (México); Oscar Arias (Costa Rica); Juan Manuel Santos (Colombia);
y la guatemalteca Rigoberta Menchú, una auténtica heroína.

Pero Machado apoya a los autores del genocidio palestino, y eso es la negación de la negación de lo que Alfred Nobel quería.

Para quienes se oponen al presidente Nicolás Maduro, que en el país de Corina Machado la mitad de la población no quiere, pero la otra mitad más uno lo apoya y se obstina en reelegirlo, será fácil explicar la pertinencia del galardón que a ella le resulta una carga muy pesada, porque para justificarse acreedora tendrá que darle vueltas a su postura confrontacionista contra más de 15  millones de venezolanos que están apoyando el actual modelo político y marcar distancia de los genocidas y de los fabricantes de armas de exterminio.

Su trayectoria está definida por la acción, inyectada por poderes transnacionales, para la conquista del poder político; no se les conocen posturas ni banderas pacifistas. Si se concretan sus ostensibles deseos de que una potencia extranjera que hoy corta los espacios aéreos y náuticos de su país, intervenga militarmente, el pueblo venezolano resistirá, y una descomunal tragedia humanitaria afectará durante años, tal vez siglos, a Venezuela, su vecina Colombia y al Caribe todo, con la sangre corriendo una eternidad.

¿Merecedora del Nobel?

Gabriela Mistral, cuando le dieron el Nobel de Literatura en 1945, repartió el dinero del premio entre niños pobres del Valle del Elqui y entre víctimas del genocidio judío.

¿Corina Machado mostrará la magnificencia de la poeta chilena, y repartirá el dinero recibido entre huérfanos del genocidio palestino?

  • El autor es poeta

E-MAIL: rafaelpinedasanjuanero@gmail.com

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