
El rancho de los sentimientos
CUENTO
Por ARNULFO V. MATEO MATEO
Érase una vez, en un tiempo donde las lluvias, los arcoíris y la yerba tierna y húmeda eran el pan nuestro de cada día, un lugar muy lejano en donde las personas eran amables, cariñosas, solidarias y muy empáticas, ese sitio era llamado el “Rancho de los Sentimientos” donde había muchos animales y una naturaleza sumamente exuberante, un terreno q tenía el río más bello del mundo, el cantar de los pajaritos al amanecer y los atardeceres más hermosos nunca visto.
En ella había una comunidad que se encargaba de laborar en armonía para extraer leche de las vacas con una idea clara de que todo el mundo viviera en ecuanimidad y armonía. Sintiéndose bien con su trabajo y utilizando aquellos recursos para echar sus familias hacia delante.
En el Rancho de los Sentimientos estaba la madre de todos, “Mamá Amor” quien era una ancianita que le permitía a cada quien expresar sus sentimientos. Ella amaba a todos sus integrantes con sus virtudes y sus defectos, porque al final entendía que lo más importante eran las personas.
Con ella siempre andaba su nietecito, “El Pequeño Gigante” un niño muy sabichoso q aprendía con su ágüela, sus enseñanzas y además por medio de la observación se daba cuenta de muchas cosas, entre ellas: la deslealtad, el egoísmo, la falta de empatía y solidaridad, el abuso diario y constante que se ejercía a las espaldas de aquella señora, q aunque veía la realidad, se negaba a aceptarla, se hacía de la vista gorda para no hacer sentir mal a su equipo de antaño q le había acompañado en el mayor trayecto de su vida.
Un día el encargado del rancho sabiendo que la ancianita “Mamá Amor” estaba muy entrada en edad y sola, comenzó a buscar la manera de engañarla y de hacerle creer que era su incondicional, mientras que los empleados más laboriosos fueron dejando de trabajar en su nombre, ya que todos se estaban poniendo en su contra porque su reinado estaba apuntando a su fin.
El encargado (El Dueño sin Papeles) decía: “No le hagan caso a esa doñita, que ya los cables le chispean”, “yo soy el que sé de esto y todo lo q trabajen y consigan deben dármelo a mí y yo en cambio les daré todo lo q ustedes me pidan; “PLACERES DE LA VIDA”
El nietecito de “Mamá Amor” Pequeño Gigante, siempre le decía a su abuelita lo malo q eran todos sus trabajadores con ella y lo q hacían a sus espaldas, más sin embargo ella los perdonaba una y otra vez. Siempre decía: “Esa pobre gente necesita de mi ayuda y mi solidaridad, sin mí sus familias no tuvieran techo, alimento ni educación. Ellos creen q todo en la vida es el dinero, pero están equivocados hay muchas cosas más importantes que lo material y la vida se los irá demostrando”.
Un día la señora amaneció muy enferma y tuvo que alejarse de sus labores, pidiéndole a su nietecito que ya no era nietecito sino ya un adulto que ocupara su posición y sirviera para acudir al rancho.
Se había ausentado unos años porque ella lo había mandado a estudiar, diciéndole que en la vida lo único q uno se llevaba a la tumba eran los conocimientos. De ahí que durara largos años preparándose y consiguiendo la manera de ser profesional.
A su llegada ella le dice:
– “Hijo, ¿qué tal el rancho en mi ausencia?”.
-“Todo bien abuela, todo bien”.
– “No me mientas hijo, sé que todo se ha perdido. Pero aun así sé q eres la única persona q puedes volver a enaltecer nuestro rancho”.
– “No dejes q el trabajo de mi padre se pierda, yo amaba mucho a mi papá y ese viejo dejó su vida ahí, trabajaba de pito a pito”.
-Su nieto, muy triste, con ojos llorosos, le prometió no abandonar nunca el rancho y se fue a casa pensando en aquella encomienda q de una forma u otra lo comprometía con enfrentar a todo un sistema de malos sentimientos y de malos corazones.
A unos cuantos días “Mamá Amor” falleció y su nieto muy triste continuó acudiendo al rancho, un rancho ya sin animales, ya que todos los habían vendido, un rancho sin agua, ya que el agua era un negocio, un rancho sin alambrada, sin respeto, sin honor, un rancho donde las lluvias, los arcoíris y la yerba tierna y húmeda ya no eran el pan nuestro de cada día.
Ya Lo que existía era la envidia, la mala fe, el afán desmedido de saquear y vender todos aquellos recursos naturales.
Todos los negociantes abusivos se acercaron al nieto para proponerle asociación, a lo cual él se negó y los enfrentó. Comenzó a trabajar, mañana, tarde y noche todos los días, se cansaba, se cansaba, hasta q su cabeza sentía q explotaba, cargaba sacos de comida para animales recuperados y nuevos q había comprado, sacó agua de donde no había, elaboró un plan para cuidar y no dejar q siguiera el saqueo, y toda la comunidad lo amenazaba, lo enfrentaba pero que va, la persistencia y el trabajo duro, el amor y el orgullo por parte del pequeño gigante se impuso.
Hasta q al fin el Rancho de los Sentimientos volvió a parecerse a sus inicios, pero decía el pequeño gigante a sus hijos y a su esposa: “cuidado q siempre la traición, la deslealtad, el egoísmo, la falta de empatía y solidaridad, el abuso diario y constante te acechan a la puerta, confiar en nuestro entorno es sumamente delicado y un tanto peligroso”.
Pero aspiro a que aquellos tiempos vuelvan, tiempo donde las lluvias, los arcoíris y la yerba tierna y húmeda eran el pan nuestro de cada día, y volver a ese lugar lejano en donde las personas eran amables, cariñosas, solidarias y muy empáticas.
Ese sitio era llamado el “Rancho de los Sentimientos” donde había muchos animales y una naturaleza sumamente exuberante, un terreno q tenía el río más bello del mundo, el cantar de los pajaritos al amanecer y los atardeceres más hermosos nunca antes visto.
Colorín Colorado, este cuento lindo se ha terminado.




