Noticias de San Juan

El retumbo de la madrugada: cuando la fiesta de unos se convierte en la enfermedad de todos

Por ANULFO MATEO PEREZ

SAN JUAN DE LA MAGUANA.- La escena en las calles sanjuaneras se repite con una frecuencia devastadora: el zumbido vibrante de los bajos de un «kitipó» que retumba a varios cientos de metros de distancia, el brillo blanco de un chasis que intenta esquivar el cerco de la Policía Nacional y, finalmente, la sirena de las patrullas que frena en seco la imprudencia de un conductor.

Detrás del arresto de Adrián Mateo de los Santos tras una persecución a alta velocidad por el centro urbano, queda flotando una realidad mucho más grave que un simple desacato a las autoridades: el asedio invisible del ruido y su impacto destructivo sobre la salud física, neurológica y emocional de toda una comunidad.

Lo que muchos perciben como simple «ambiente de fiesta» o un exceso de entusiasmo musical es, en términos médicos y ambientales, una forma de agresión sistemática. Las emisiones desmedidas de decibeles no solo rompen la tranquilidad del sueño de los sanjuaneros; actúan como un disruptor biológico capaz de quebrantar el organismo a corto y largo plazo.

El impacto invisible: de la célula al cerebro

Cuando el nivel de sonido sobrepasa los límites fijados por la Ley 287-04 sobre Prevención y Limitación de Ruidos Nocivos, el cuerpo humano activa de inmediato su respuesta fisiológica de alerta, independientemente de que la persona esté despierta o durmiendo.

1. Daño físico y metabólico: el corazón bajo presión

  • Hipertensión arterial y riesgo cardiovascular: Las ondas sonoras de alta intensidad desencadenan una descarga constante de adrenalina y cortisol (las hormonas del estrés). Esto provoca la vasoconstricción de los vasos sanguíneos, elevando de forma súbita e intermitente la presión arterial. En pacientes hipertensos, la exposición recurrente al ruido de bocinas en la vía pública no es solo una molestia, sino un detonante directo de crisis hipertensivas, arritmias e infartos.

  • Pérdida auditiva progresiva: La vibración de los potentes cajones de bocinas desgasta irreversiblemente las células ciliadas del oído interno, provocando hipoacusia y tinnitus (zumbido permanente), una condición incapacitante.

  • 2. Alteraciones neurológicas: convulsiones y colapso del sistema nervioso

  • Detonante de episodios epilépticos: En personas con epilepsia o predisposición neurológica, la combinación de bajos de alta frecuencia y la privación del sueño generada por el ruido nocturno altera la actividad eléctrica del cerebro, reduciendo el umbral convulsivo y desencadenando crisis repentinas.
  • Insomnio crónico: La imposibilidad de conciliar un sueño profundo y reparador impide la regeneración cerebral. El ruido intermitente altera la estructura celular del sueño, dejando al individuo en un estado permanente de fatiga fisiológica y deterioro cognitivo.

  • Consecuencias psicológicas: la erosión de la salud mental
  • Depresión y ansiedad: La exposición prolongada a entornos ruidosos imposibilita el descanso y la paz doméstica. Esta pérdida de control sobre el propio entorno genera estados severos de indefensión aprendida, derivando en trastornos depresivos mayor y crisis de ansiedad generalizada.

  • Estrés Postraumático (TEPT): Para personas que han vivido eventos traumáticos o ancianos con alta sensibilidad, los retumbos repentinos y las explosiones de sonido a altas horas de la noche desencadenan respuestas de pánico, hipervigilancia y reviviscencia de trauma, imposibilitando el refugio y descanso en el hogar.

  • Un problema de salud pública en San Juan

La retención de equipos de sonido y la persecución de infractores en la vía pública por parte de la unidad de Anti-Ruidos no responde únicamente a un tema de orden vial o convivencia ciudadana. Cada «kitipó» decomisado en el maletero de un vehículo representa una amenaza menos a la salud de niños, envejecientes y trabajadores que dependen del descanso nocturno para mantener la estabilidad fisiológica y emocional.

La contaminación acústica en el Gran Sur no es un delito invisible: es una epidemia que enferma en silencio a la población. Mientras el sistema judicial determina las sanciones legales para quienes evaden la autoridad a toda velocidad, la ciudadanía sanjuanera continúa demandando firmeza en la aplicación de las leyes ambientales, recordando que el derecho a la diversión de unos pocos nunca puede estar por encima de la salud y el derecho a la vida de toda una comunidad.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba