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Especial: La Raza Inmortal que encendió la llama de la libertad

Por CLARA  E. MARTINEZ FERNANDEZ

SANTO DOMINGO.- El 14 de junio de 1959 marcó el principio del fin de la tiranía trujillista. Un grupo de 198 combatientes, conocidos históricamente como «La Raza Inmortal», descendió por el cielo y el mar en Constanza, Maimón y Estero Hondo, dispuestos a derrocar la sanguinaria dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina.
Cuando la tarde caía aquel domingo, la tranquilidad montañosa de Constanza se vio interrumpida por el rugido de un avión Curtis C-46 camuflado. A bordo venían 54 hombres liderados por el comandante Enrique Jiménez de Moya.
Aunque su objetivo inicial era aterrizar en San Juan de la Maguana, las condiciones atmosféricas desviaron la aeronave. Este contingente fue el primer latido de una invasión que traía un anhelo profundamente democrático. A ellos se sumaron, seis días después, refuerzos que desembarcaron por las costas de Puerto Plata.
Provenientes de Cuba y entrenados bajo los ideales revolucionarios, los expedicionarios no solo eran dominicanos exiliados; las filas de este Ejército de Liberación Dominicana integraban a cubanos, venezolanos, puertorriqueños y otros idealistas latinoamericanos unidos por un mismo clamor de libertad.
Desde el punto de vista militar, la gesta fue aplastada de forma implacable. El régimen trujillista desplegó todo su aparato represivo, y la inmensa mayoría de los combatientes fueron aniquilados o apresados y sometidos a torturas terribles. Sin embargo, la aparente derrota militar se transformó en una rotunda victoria ideológica y moral.
La valentía de aquellos hombres caló hondo en la conciencia del pueblo dominicano. Ante el sacrificio de jóvenes que entregaron su sangre por un ideal democrático, el miedo paralizante que mantenía la dictadura comenzó a disiparse. Este despertar colectivo sirvió como el catalizador definitivo que inspiró la creación clandestina del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, liderado por figuras insignes como Manolo Tavárez Justo y Minerva Mirabal.
Hoy, la República Dominicana honra esta fecha histórica. El sacrificio de aquellos hombres sentó las bases de la democracia moderna, y sus nombres quedaron grabados para siempre en la memoria colectiva como símbolo de dignidad, coraje y resistencia frente a la opresión.

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