
Golpe contra Bosch se consumó tras decisión de EE.UU. de no intervenir, afirma Cassá
Por CLARA E. MARTINEZ FERNANDEZ
- Historiador revela a El Nacional que el mandatario pidió un destructor estadounidense para disuadir a los militares golpistas
SANTO DOMINGO.- El Departamento de Estado de Estados Unidos decidió días antes del golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963 “dejar a Juan Bosch por su cuenta”, pese a que el presidente dominicano había solicitado el envío de un buque destructor estadounidense como medida de disuasión frente a los militares que conspiraban contra su gobierno.
La revelación fue hecha por el historiador y director del Archivo General de la Nación, Roberto Cassá, en una entrevista exclusiva con El Nacional, en la que explicó que la petición de Bosch fue consultada con Washington, pero la respuesta fue negativa y las autoridades estadounidenses optaron por no intervenir para impedir la acción militar.
Cassá fundamentó su explicación en el testimonio del diplomático estadounidense John Bartlow Martin, embajador de Estados Unidos en República Dominicana durante el gobierno de Bosch, quien posteriormente relató en su libro Overtaken by Events los acontecimientos que rodearon la crisis política dominicana de 1963. Martin ejerció como embajador desde marzo de 1962 hasta febrero de 1964.
De acuerdo con Cassá, la decisión de Washington reflejaba las contradicciones existentes dentro de la propia administración del presidente John F. Kennedy. Mientras sectores vinculados al mandatario estadounidense concebían las reformas sociales y políticas como una vía para contener la expansión de la influencia revolucionaria cubana, sectores militares y de seguridad mantenían una posición mucho más conservadora frente al gobierno dominicano.
El historiador explicó que los agregados militares estadounidenses en República Dominicana mantenían relaciones con la cúpula castrense opuesta a Bosch, en un ambiente marcado por la Guerra Fría y por las acusaciones de que el mandatario permitía la expansión de fuerzas comunistas. Estudios históricos han documentado precisamente la fuerte resistencia que enfrentó Bosch de parte de sectores militares, empresariales, políticos de derecha y de grupos vinculados a la estructura de seguridad estadounidense.
La crisis interna también se agravó después de la promulgación, en abril de 1963, de una nueva Constitución considerada por Cassá como la más avanzada de la historia dominicana. El texto constitucional introdujo importantes transformaciones políticas y sociales y chocó con intereses de grupos económicos, políticos y religiosos que consideraban amenazadas sus posiciones.
En ese escenario adquirieron protagonismo organizaciones de derecha como la Unión Cívica Nacional (UCN) y la Acción Dominicana Independiente, que impulsaron movilizaciones contra el gobierno, mientras sectores de la jerarquía católica y mandos militares cuestionaban las políticas de Bosch y sus controles sobre la corrupción administrativa.
El propio John Bartlow Martin dejó constancia en sus memorias del clima de presión que rodeaba al gobierno constitucional. En relatos posteriores se observa cómo dirigentes opositores planteaban ante la diplomacia estadounidense sus temores sobre una supuesta penetración comunista, aun cuando Martin reconocía las diferencias entre esas acusaciones y la realidad política dominicana.
La experiencia de Bosch terminó abruptamente el 25 de septiembre de 1963, cuando un grupo de militares lo derrocó y puso fin, apenas siete meses después de su toma de posesión, al primer gobierno elegido democráticamente tras la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
El episodio abrió una etapa de profunda inestabilidad política que desembocaría en la crisis de 1965 y la Revolución de Abril. La documentación y los testimonios reunidos posteriormente por Martin, así como las investigaciones de historiadores dominicanos, mantienen abierto el debate sobre el papel desempeñado por los distintos sectores nacionales y estadounidenses en la caída del gobierno constitucional.




