Variedades

Penetración cultural como sinónimo de dependencia y transformación de valores en la juventud dominicana

Por Rafael Emigdio Caamaño Castillo
Primera Parte
Antecedentes Históricos

Tras la llegada de los europeos en 1492, encabezados por Cristóbal Colón a las tierras que luego se conocerían como América. En lo que muchos historiadores denominan eufemísticamente descubrimiento.

El Imperio español, dio apertura a unas relaciones comerciales con la mayoría de los países de Europa que les proporcionó jugosos beneficios. Pero a finales del Siglo XVII, España perdió parte de esos territorios provocado por las guerras con países vecinos, las luchas contra los Moros Sefardíes; con los ataques de Corsarios y Piratas en el Mar Caribe; la paralización casi completa de la navegación y el hundimiento absoluto de la economía española por la disminución de la producción y las guerras.

España intentó recuperarlos, pero las medidas y reformas que fueron tomadas no les favoreció y alimentó en esos territorios ideas de emancipación, independencias y soberanía.

Ya en la postrimería del ese Siglo XVII, Inglaterra había establecido Colonias en lo que hoy es Estados Unidos, cuyos habitantes, actuaban con cierta autonomía, pero atados al control de Gran Bretaña.

En esos territorios de Norteamérica por su parte, los habitantes diseñaron una estrategia de conquistas y se unieron con inmigrantes de origen escoceses, irlandeses, alemanes y franceses con el propósito de expandirse territorialmente hacia el Sur y el Oeste y para el logro de ese objetivo, desataron un período de guerras contra los aborígenes, originales dueños de esos territorios.

Cada victoria obtenida en contra de los indios, sirvió para reafirmar un sentimiento de superioridad, alimento propósitos expansionistas, hizo nacer ideas libertarias entre los habitantes de las trece colonias existentes y la idea fija de la predestinación estadounidense de dominio y sumisión sobre los demás pueblos, que habría de permitirle decir a Benjamín Franklin » Cito : «Forma parte de los designios de la Providencia el arrebatar las tierras a estos pueblos salvajes, para dejar el espacio a los blancos poderosos».

Ese sentimiento de superioridad racial, acabó transformándose con el tiempo, en la Ideología del «Destino Manifiesto» que ha realimentado la idea de la predestinación de los Estados Unidos como fiscales y dueños de los demás países.

En 1821 el Senador por el Estado de Massachusetts, Edward Everett Hale, en alocución ante el Congreso de los Estados Unidos dijo, cito: «Debe primar en el sentimiento de todos los estadounidenses acerca de sus vecinos de América Latina, que es necesario adoptar sutiles medidas para la dominación y dependencia, pues ni con todos los Tratados y el dinero en préstamos que podamos invertir, podremos transformar el sentimiento libertario de esos pueblos».

Todos debemos recordar, que cuando los estadounidenses se refieren a sí mismos como americanos, solamente repiten la frase más conocida de su Presidente James Monroe, pronunciadas en el Congreso en 1823, de «América para los Americanos». Pero irónicamente aunque todos los países situados en el hemisferio occidental, estamos localizados en el continente americano, la frase de James Monroe, es alusiva a los siempre propósitos de subyugar a los demás países del Continente.

Esta línea de pensamiento conocida como la doctrina Monroe, consiste básicamente en tres aspectos fundamentales: La no Intervención de los países de Asia y Europa en los asuntos de los pueblos de América (dejarles a ellos ese derecho); la no creación de nuevas colonias dependientes de los países europeos; la no intervención de los EE.UU. en los conflictos bélicos de Europa.

A partir de este hecho, el Imperialismo Norteamericano impondría con mayor rigor la fábula de una política interventora. La Doctrina Monroe ha sido y será, la pieza fundamental de la política exterior de los Estados Unidos con relación a la América Hispana.

Es la concepción de política exterior, según la cual, cualquier intento de colonización o intervención de una potencia europea en territorio del continente americano será reprimida por los Estados Unidos.

La máquina de la política exterior de los Estados Unidos ha sido planificada para el logro de varios propósitos:

1.- Construir un mundo seguro para las Corporaciones y Empresas multinacionales norteamericanas.

2.- Prevenir con emergencia la intervención de cualquier país o sociedad, susceptible de representar un peligro a los intereses del capitalismo norteamericano.

3.- Extender la hegemonía política y económica sobre los países de América, en el área más ampliamente posible.

La dependencia política y económica de los países latinoamericanos, supone que la producción y las riquezas de esos pueblos, debe estar condicionada a la intromisión y desarrollo coyuntural de EE.UU. al cual estarán sometidos. De esta manera las deudas de los pueblos latinoamericanos, se ha convertido en el eje principal de la dependencia, que poco a poco va introduciendo cambios en los Estados para aplicar las políticas neoliberales y la transferencias del poder en los países dependientes.

Pero el termino Intromisión, deliberadamente es ambiguo para fines de aplicación y establece la presencia interventora de Estados Unidos y la violación del concepto de autodeterminación de los países subdesarrollados de la América Hispana.

Mediante el uso de sutiles mecanismos diplomáticos, el imperialismo norteamericano impone su hegemonía, cubiertas en: «Ayudas Económicas», «Empréstitos Impagables», «Asesoría Militar», «Multiplicidad de Partidos Polìticos y Organizaciones sindicales que generan tensiòn», entre otras.

Llegados a ese punto la democracia, ya ha perdido por completo su sentido y se convierte en un mecanismo para elegir, quién será el brazo ejecutor de las decisiones impuestas por medio de las Embajadas de los Estados Unidos acreditadas en los países receptores de América y el mundo.

Como complemento de manipulación, imposición y erradicación de las soberanías, surge el uso de la industria cultural. Dentro de esta enorme industria, se encuentran, la radio, el cine, la televisión, revistas, que constituyen un sistema, donde cada sector está armonizado en sí y a su vez entre los demás.

Es por estos medios de comunicación al servicio de las empresas multinacionales, la sociedad de consumo y los países imperialistas, que se nos impone una propaganda sistematizada para transformar costumbres, en la alimentación (consumo de productos enlatados de procedencia norteamericana u otros, en desmedro de la producción nacional); cambios en el vestuario; la música; la conducta (homosexualidad y lesbianismo); consumo de drogas, armamentismo, etc.

«Para subyugar, imponer y dominar los países imperialistas disponen de cuatro grandes consorcios publicitarios, que son dueñas de las principales agencias del mundo. Se trata de Publicis, WPP, IPG y Omnicom, los cuatro monstruos de la publicidad. Entre las compañías de Omnicom están tres de las principales agencias de publicidad en el mundo: BBDO, DDB y TBWA\, además de otras empresas como Zimmerman Advertising, OMD Worlwide, Icon International, Porter Novelli, Ketchum y Fleishman-Hillard».

Poco a poco estos factores determinan el surgimiento de una industria de la cultura, donde el aparato comunicacional tiene y tendrá siempre un poder devastador para los seres humanos, donde todo lo que se dice y la forma en que se dice debe poder ser controlado en relación con el lenguaje de la vida ordinaria.

Los ciudadanos, en ese andamiaje que modela la cultura es un simple receptáculo para asimilar la mayor capacidad de consumo y ser, por lo tanto, instrumento útil de quienes imponen las normas como el paradigma que garantiza el éxito.

El Imperialismo ruso por su parte, según Serguey Nikolsky, filósofo de la cultura rusa, plantea que, la idea más importante para el imperialismo ruso “desde la caída de Bizancio hasta ahora es la concepción amplia del imperio y el hecho de que somos una nación imperial». Siempre hemos sabido que vivimos en un país cuya historia es una cadena ininterrumpida de expansión territorial, conquista, anexión, de defensa de las posesiones, de pérdidas temporales y nuevas conquistas. La idea del imperio era una de las más preciadas de nuestro bagaje ideológico y esto es lo que proclamamos ante las demás naciones.

La primera característica, y la más importante, del imperio ruso ha sido siempre, dice Nikolsky, “la maximización de la expansión territorial en pro de sus intereses económicos y políticos, como uno de los grandes principios de la política del Estado”. Esta expansión fue el resultado del predominio permanente y aplastante del desarrollo extensivo de Rusia y la creación de la otrora Unión de Repúblicas Socialista Soviética, que parece querer reeditar Vladimir Putin con la Invasión a Ucrania: .

“Al imperio ruso lo llamaban ‘prisión de pueblos», escribió Mijaíl Pokrovsky, el más destacado historiador bolchevique. Él demostró que el Gran Ducado de Moscú (1263-1547) y el Zarato de Rusia (1547-1721) fueron “prisiones de pueblos” y que esos Estados se construyeron sobre los cadáveres de los pueblos indígenas no rusos. “

Algunos teóricos de la geopolítica sostienen que las oligarquías imperialistas que quieren gobernar al mundo se dividen en: Complejo militar-industrial; el complejo gasífero, los medios de comunicación globalizados al servicio de las cuatro principales productores de petróleo y minerales; el complejo bancario e inmobiliario y el complejo farmacéutico). Todo esto creado y protegido por todos los países Imperialistas como fundamentos de dominación y dependencias.

Como se puede ver, en todos los países imperialistas, se utiliza la cultura de la dominación para que los dominadores realicen sus objetivos, mientras los dominados creen en una idea de libertad condicionada, útil a esos propósitos. Esa idea no es otra que la de poder escoger, para consumir, entre una serie de productos que conforman la oferta.

La mayoría de los sectores medio y bajo de la sociedades de los pueblos dependientes de los imperios, es atrapada y oprimida por sus limitaciones para realizar la “libertad” de consumo que mediante el chantaje de la diversión; la música; la moda; el sexo y las drogas sustituye el pensamiento y reduce a simple mercancía la alimentación, la salud, la educación, el deporte y el ambiente.

La llamada cultura de masas puede entendérsela hoy día, como un subproducto de la industria organizada de consumo y como parte de una red ampliamente ramificada de los medios de comunicación social. Tales medios gravitan sobre la conciencia individual de cada uno de nosotros y en sentido amplio, sobre la conciencia de la sociedad en general. La publicidad ocupa un lugar preponderante para asegurar, que los miembros de la comunidad hagan suyas, la demanda de los productos que los países imperialistas, las Empresas multinacionales y la Sociedad de Consumo en general, les remitan con el objetivo de que asimilen esas imposiciones culturales y se obtenga el fin último de alienar las masas.

Como se puede ver “El mundo entero es conducido, a través del filtro de la industria cultural», con el deliberado propósito de obtener la sumisión, postración y dependencia de las personas y de los países.

Las personas no son consideradas como personas, sino como consumidores cíclicos, entes que son privados, despojados del acto voluntario de pensar, se les atrofia la imaginación y la espontaneidad del actual libremente, sino como consumidor cultural al servicio de las Empresas multinacionales, y la sociedad de consumo, que utilizan los medios de Comunicación para lograr cambios en los mecanismos psicológicos de las personas, paralizando sus facultades. El fin de estos aparatos comunicacionales, no se fundamente en que los consumidores estén o no de acuerdo o que piensen igual , sino que el fin último perseguido es, despojar al consumidor de la manera de pensar libremente, bloquearlo, idiotizarlo con el show del estilo, la moda, las drogas, el sexo y la diversión.

La industria cultural sigue siendo la industria de la diversión, donde su poder sobre los consumidores está mediatizado por una actividad, que al fin de cuentas rompe con los moldes apropiados a la sana diversión. Este poder mediático internacional, es el culpable también de miles de hechos que son elaborados cuidadosamente, y después introducidos y reproducidos por el aparato comunicacional internacional y mostradas como verdades incuestionables, que los consumidores absorben bajo el principio de la reproducción constante.

El ministro de propaganda alemán Joseph Goebbels, reveló en tiempos de la segunda guerra mundial, la frase cuya esencia fue muy trabajada por toda la industria cultural. Cito “mil repeticiones, hacen una verdad”.

Es tan solo un número puesto al azar, que quiere decir que el poder puede sofocar el pensamiento de los hombres, haciéndoles creer algo que ha sido inventado, o es una verdad que interesa, para que el efecto propagandístico juegue su papel y que los consumidores actúen, repitiéndolo cincuenta mil veces, cien mil veces…, hasta que usted se la crea.

Ejemplos existen por doquier. En nuestros pueblos, en los barrios más depauperados, es frecuente encontrar casas construidas con residuos de latas y propagandas políticas, tienen una estufa de tres hornillas o el clásico fogón de las tres piedras, con evidencias de poco uso; si penetramos al «dormitorio», nos encontramos o una cama colombina, una hamaca, una barbacoa o duermen en un colchón tirado en el suelo. Pero, asómbrese, en medio de tantas miserias sobresale una Antena Poli direccional, un televisor y un equipo estereofónico último modelo que contrasta con la pobreza del ambiente.

Pero eso no es todo, el «hombre de la casa» juega Dominó, con una botella de Barbacour, tiene varias mujeres que están obligadas por el energúmeno a buscársela, rifando y deambulando detrás de la fundas que da el gobierno y los políticos para mantenerlo. Simplemente esto, es una alienación generada por la sistemática propaganda del Imperialismo, las empresas multinacionales y la sociedad de consumo.

Pero, hay algo más. Todos conocemos, que en los Estados Unidos y en los países desarrollados, las Empresas Multinacionales que fabrican ropas y otros artículos de uso personal, lo confeccionan en dos períodos: Verano e Invierno.

Lo que sobra de esos períodos, hay que buscarles salida. Para eso, las Empresas Multinacionales, el Imperialismo y la Sociedad de consumo, disponen de una estructura compuesta por los medios de comunicación comprometidos, un equipo de «Modistos» generalmente de sexos cuestionables, que transforman el vestuario sobrante para darles salidas. Es así como vemos una juventud y a veces hasta personas mayores, vistiéndose de una ropa que parecen ser azotadas por los perros y que desdice de la capacidad estética del que la usa.

El fin siempre es el mismo: privar a los hombres del pensar. Por supuesto que el fin siguiente, es un fin profundamente económico en el sentido más egoísta de la palabra. Hoy, el capitalismo de las empresas gigantescas hace que se gaste más en publicidad que en el producto en sí.

El mundo de la publicidad es una ráfaga de gas paralizante que se introduce por nuestros ojos y va directo al cerebro, posesionándose allí y dirigiendo nuestros gustos y deseos de consumir. Hoy en día las empresas más exitosas son las que más alto escalaron en el posicionamiento en las mentes de los consumidores.

Posición extremadamente costosa para estas empresas, pero extremadamente favorables, ya que mantienen a las personas y sociedades en un consumismo cíclico y fatal que nos convierten en Dependientes serviles de los países Imperialistas, las multinacionales y la Sociedad de Consumo en General.

“Tanto técnica como económicamente, la publicidad y la industria cultural se funden la una en la otra. Tanto la una como en la otra, la misma cosa aparece en innumerables lugares, y la repetición mecánica del mismo producto cultural es ya la repetición del mismo motivo propagandístico. Tanto la una como en la otra la técnica se convierte, bajo el imperativo de la eficacia, en psicotécnica de la manipulación de los hombres. Se trata siempre de subyugar al cliente, aunque éste se presente como distraído o como resistente a la manipulación”.

Con la emergencia del capitalismo financiero y el modelo neoliberal en los años 80 y 90 del siglo XX, el concepto de industria para la alienación cultural y sostén de la subordinación y dependencia de los pueblos, se amplió a uno con mayor connotación económica, política y de desarrollo social: el de industrias creativas.( Citar el ejemplo de la producción en serie- ropas de Invierno- ropas de verano y sus complementos, regueé, sexo, drogas, uso de palabras exóticas que remplazan nuestro idioma, etc.).

Este modelo se acuña en 1980 en Australia, pero sólo sería desarrollado en los Estados Unidos y el Reino Unido. Pero esa era solamente una parte de las industrias creativas que actualmente hacen parte de la Economía para el fomento de la subordinación y dependencias de los países tercermundistas. Las industrias creativas incluyen también todas las formas artísticas de la alta cultura a la popular, como la artesanía, el turismo, los equipos culturales (museos, teatros, cines), así como el trabajo conjunto de la cultura, el turismo y la educación como forma de llegar al desarrollo de los intereses capitalistas.

La penetración cultural es la traficante de las miserias humanas. Es la que se encarga de llevar y de traer desde y hacia los más remotos rincones de la tierra, todo lo “aborrecible”, debido a que no hay un único paradigma moral al que deban apuntar cada una de las sociedades de las diversas latitudes del mundo.

Los siglos XIX y XX, mostraron una aceleración de acontecimientos que, a primera vista, estarían marcando cambios fundamentales en la historia de la humanidad. A la luz de la realidad que nos ofrece el siglo XXI, parecería que no hubo tales cambios, sino distintos maquillajes para un mismo rostro. El rostro inhumano del capitalismo salvaje, del mundo occidental, que hoy toma el nombre de “globalización”.

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