Opiniones

¿Por qué no depredan su propio país?

Por ENMANUEL ABREU

Parece que el mundo siempre ha sido igual: el rico pisoteando al pobre y las clases pudientes haciendo fortuna a costa de despojar a otros de sus tierras y de las riquezas que estas contienen. Primero llegan con promesas: empleos, desarrollo, participación en los beneficios. Pero, al final, es bien sabido que el intermediario se queda con la mayor parte en estas negociaciones injustas.

Estas prácticas vienen desde tiempos antiguos. A nuestros ancestros indígenas les cambiaban espejitos por oro. En Estados Unidos, los pueblos originarios fueron desplazados, despojados de sus territorios y confinados a reservaciones. En nuestro país, los indígenas fueron prácticamente exterminados, y hoy apenas quedan rastros visibles de ellos.

Ahora, en pleno siglo XXI, se pretende repetir la historia. Quieren afectar a los sanjuaneros contaminando sus aguas, y no solo a nosotros, sino a todos los que dependen del río Yaque del Sur. La contaminación no distingue fronteras.

Se advierte ya el impacto en otras zonas: en lugares como Cotuí, se denuncia la desaparición de aves como la cigua palmera, nuestra ave nacional. El ganado muere, y las aguas contaminadas generan enfermedades en la piel y afecciones cardíacas en los seres humanos.

Nos quieren convencer con cifras engañosas: grandes porcentajes de ganancias para empresas extranjeras, mientras al país solo le queda una mínima parte. Después de extraer el oro, lo que dejan es desolación, contaminación y muerte. Así ha ocurrido en países como Guatemala y Argentina, y así temen muchos que ocurra también en Bonao, Cotuí y San Juan.

Los sanjuaneros debemos reflexionar y actuar. La defensa del agua, de la tierra y de la vida no es negociable. Hay ejemplos en el mundo donde los pueblos han resistido firmemente para proteger sus recursos naturales.

  • El autor es médico cirujano y abogado

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