
Solidaridad militante con Cuba… Por el derecho a vivir
Por LILLIAM OVIEDO
Fernando Cerimedo, creador de noticias falsas, articulador de mentiras, gerente de negocios
sucios y agresor de mujeres, posa junto a Marco Rubio en la reunión del Escudo de las
Américas. Es la exposición de la desvergüenza y ocurre porque Marco Rubio y Donald Trump,
representantes de un poder ilegítimo y criminal, utilizan los servicios de administradores de
`bots`, analistas, pseudoanalistas y opinadores a la venta para presentarse como amigos de los
pueblos. ¡Con ese disfraz cubren su rostro los verdugos!
En este momento, de las declaraciones de solidaridad con Cuba hay que pasar a exigir acción a
los organismos internacionales y a demandar, con firmeza y con recursos que habrá que crear,
fortalecer o readaptar, que sean castigados los genocidas.
Donald Trump desde la Casa Blanca y Marco Rubio desde la sede del Departamento de Estado,
declaran preocupación por el pueblo cubano y al mismo tiempo aplican los dictados del poder
criminal utilizando el hambre y las carencias como armas letales.
En el año 2016, la mortalidad infantil registrada en Cuba fue de 4.3 por mil, inferior al
promedio para la región, que superaba el 15 por mil. En la actualidad, el Sistema de Naciones
Unidas advierte que “la actual crisis energética impacta de manera sensible las infancias”. A
seguidas afirma: “Los indicadores demográficos muestran un aumento de la mortalidad infantil
en La Habana (14.2), Isla de la Juventud (12.9) y Camagüey (12.4)”.
No se trata de cifras frías, son cientos de niños muriendo por carencias creadas mediante un
bloqueo económico impuesto por la potencia económica, militar y política más poderosa del
mundo. Esta política de agresión lleva ya más de 6 décadas y ha sido recrudecida en los
últimos meses, tornándose genocida.
La cifra concuerda con el hecho de que 67 mil menores nacidos recientemente carecen de
esquema actualizado de inmunización. Por otro lado, más de doce mil niños esperan cirugías
que el competente personal de salud de los hospitales cubanos, por falta de recursos, no ha
podido realizar.
El total de pacientes que esperan cirugías supera los 98 mil 500; 117 mil adultos y 1 200 niños
con cáncer no tienen los tratamientos primarios adecuados. Es preocupante el hecho de que
16 mil pacientes tienen dificultad con los servicios de radioterapia, 12 mil 400 con los de
quimioterapia y 3 mil con los de hemodiálisis.
Esto ocurre en un país que en junio pasado graduó casi dos mil médicos, 580 de los cuales eran
extranjeros procedentes de 73 países. A pesar de la precariedad, continúa el trabajo en la
creación de vacunas y medicamentos contra diversos tipos de cáncer. Enarbolando la bandera
del internacionalismo, Cuba ha ayudado a combatir, en diferentes lugares del planeta, males
como el ébola y el cólera… De solidaridad se habla.
Analistas que privilegian el cobro en dinero y el favor de los sectores dominantes proclaman
desde tribunas convertidas en estercoleros que no existe el bloqueo de Estados Unidos contra
Cuba. ¿Qué nombre tiene, entonces, esta política criminal? ¿Por qué el orden internacional no
puede aplicar sanciones a los genocidas? ¿Acaso se desconoce la consecuencia de impedir la
entrada de petróleo a un país y se ignora que la proporción de combustible que ha entrado a
Cuba en los últimos meses ha sido ínfima en relación con las necesidades y que el bloqueo haimpedido, durante años, dar mantenimiento a las estructuras de distribución y generación de
energía?
La indignación y la rabia hay que convertirlas en acción consciente.
En 1996, ante la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación), Fidel Castro expresó:
“¿Por qué la producción de armas cada vez más sofisticadas después que concluyó la guerra
fría? ¿Para qué se quieren esas armas si no para dominar al mundo? ¿Para qué la feroz
competencia por vender armamentos a países subdesarrollados, que no los harán más
poderosos para defender su independencia y donde lo que hay que matar es el hambre? ¿Por
qué sumar a todo esto políticas criminales, bloqueos absurdos que incluyen alimentos y
medicinas para matar de hambre y enfermedades a pueblos enteros? ¿Dónde está la ética, la
justificación, el respeto a los derechos humanos más elementales, el sentido de tales
políticas?”.
Otra parte de ese discurso fue citado el mes pasado por el representante Permanente de Cuba
ante las Naciones Unidas, Ernesto Soberón Guzmán, quien advirtió que, “a solo cuatro años del
plazo establecido para cumplir la Agenda 2030, el mundo permanece lejos de alcanzar el
Objetivo de Desarrollo Sostenible, Hambre Cero. Recordó que alrededor de 645 millones de
personas padecían desnutrición crónica en 2025, mientras disminuye la ayuda oficial para el
Desarrollo y el gasto militar mundial alcanzó la cifra récord de 2,9 billones de dólares”.
¿Cómo es posible que, a treinta años del discurso de Fidel Castro ante la FAO, siga siendo
necesario llamar la atención sobre el hambre que padecen millones de personas y sobre el
impedimento, por Israel, de la entrada de ayuda humanitaria a Gaza? ¿Cómo es posible que,
impunemente, Marco Rubio, Donald Trump y otros confesos genocidas apliquen medidas de
aislamiento y ahogamiento económico contra Cuba?
La mentira en su entorno
La detención de Cerimedo ocurrió el 18 de agosto en Bolivia, y destapó su colaboración con
Rodrigo Paz, el ultraderechista presidente de ese país. Marco Rubio ha intercambiado con él y
esto prueba que sus delitos fueron cometidos a beneficio de la ultraderecha. Solo la relación
con la mujer que lo acusa de atentar en su contra es personal. Los delitos de información falsa
y montaje de campañas sucias, como denunció la Cancillería de Cuba, son actividades de una
red que involucra a ciertas instancias del poder estadounidense.
Con las falacias así fabricadas se busca favorecer también a los gobiernos de ultraderecha que
el poder hegemónico ha sembrado en América Latina y a los gobiernos serviles que dan
apariencia de legalidad al saqueo de los recursos naturales, mantienen al servicio del poder
imperialista las instalaciones militares nacionales y colaboran sin reparos los proyectos contra
el avance político. No hay que enumerarlos. Basta decir que están la lista de asistencia a la
reunión del mal llamado Escudo de las Américas y en la firma de una infame declaración de
apoyo a Israel, porque han llegado al colmo de pasar por alto que se trata de un Estado
genocida.
El acto de mentir y movilizar recursos para imponer una narrativa mendaz es parte de una
vieja práctica en el poder imperialista mundial. Un antecedente es la creación por el
Pentágono, en octubre del año 2001, de una oficina encargada de difundir mentiras.
En ese momento, como ahora, la mentira y la creación de narrativa engañosa fueron
elementos de apoyo para la agresión.
En 1960, cuando Lester Mallory propuso ahogar económicamente a Cuba con el objetivo que
el pueblo deje de apoyar a la Revolución, indicó que se debía aplicar “una línea de acción que,
siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba
de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar
hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.
Hoy, Marco Rubio, con una posición superior a la que tenía Mallory en el gabinete de Dwight
Eisenhower (era subsecretario adjunto y no secretario de Estado como es Marco Rubio), actúa
con la misma intención delictiva. El poder representado por Donald Trump ha endurecido un
bloqueo que ya en el año 2024 había sido fortalecido con varias medidas y, como si del dueño
del mundo se tratara, Estados Unidos impide la entrada a Cuba de los materiales básicos para
la sobrevivencia. Rubio y su jefe carecen de conciencia para intentar siquiera responder la
pregunta de Fidel Castro, una pregunta que es preciso repetir: “¿Dónde está la ética, la
justificación, el respeto a los derechos humanos más elementales, el sentido de tales
políticas?”.
Es preciso apuntar con el dedo acusador a un orden mundial incapaz de detener una acción
genocida. No puede quedar impune la agresión contra Cuba, y habrá que deshacer la
recolonización de Venezuela. Son delitos de la misma magnitud que los bombardeos abusivos
contra Irán y el asesinato de miles de niños en varios puntos del planeta… Más temprano que
tarde, los genocidas tendrán que rendir cuentas.




