Opiniones

¿Educación para las fuerzas productivas o fuerzas productivas para la educación?

LECTURAS ACADEMICAS

  • Los resultados de PISA obligan a mirar las aulas, pero también la economía que recibe a quienes salen de ellas. El desafío dominicano no es escoger entre educación y transformación productiva, sino conseguir que ambas se impulsen mutuamente.

Por BERNARDO HIRAN SANCHEZ MELO

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Los resultados de PISA obligan a mirar las aulas, pero también la economía que recibe a quienes salen de ellas. El desafío dominicano no es escoger entre educación y transformación productiva, sino conseguir que ambas se impulsen mutuamente.

Aquí aparece el verdadero dilema del título. ¿Debe la educación adecuarse a las fuerzas productivas existentes o deben transformarse las fuerzas productivas para demandar una educación de mayor calidad?

Planteado como una disyuntiva, el problema está mal formulado. Si la educación se limita a responder a la estructura económica actual, corre el riesgo de reproducir sus carencias. Pero si formamos recursos humanos altamente especializados sin crear empresas, sectores y procesos capaces de absorberlos productivamente, también generamos frustración, subempleo y migración de talento.

La estrategia, por tanto, tiene que operar en ambas direcciones. El sistema educativo debe elevar de manera drástica los aprendizajes básicos en lectura, matemáticas y ciencias y, al mismo tiempo, fortalecer la formación técnica, tecnológica y universitaria vinculada con capacidades transferibles: pensamiento crítico, resolución de problemas, manejo de datos, idiomas, programación, gestión, investigación e innovación. Pero la política productiva también debe promover actividades capaces de utilizar esas competencias: manufacturas más sofisticadas, agroindustria moderna, servicios profesionales y digitales,

logística avanzada, investigación aplicada, exportaciones de mayor contenido tecnológico y empresas que compitan mediante productividad y diferenciación, no solamente mediante costos bajos.

Cuando las empresas demandan de forma sostenida ingenieros, investigadores, técnicos
especializados, programadores, científicos de datos, profesionales de salud, especialistas agrícolas y gestores capaces de operar procesos complejos, las universidades y los centros de formación reciben una señal concreta para ajustar su oferta. INFOTEP, ITLA, universidades, institutos técnicos y centros de investigación pueden responder mejor cuando existe una demanda productiva identificable. A la inversa,

una oferta creciente de personas bien formadas puede facilitar la creación de nuevas empresas, la
adopción tecnológica y el surgimiento de actividades que hoy todavía son pequeñas.

Eso es un proceso de retroalimentación, no una cadena de una sola vía. La educación contribuye a
transformar las fuerzas productivas; las fuerzas productivas transformadas elevan, a su vez, la demanda y el valor económico de la educación. Romper ese círculo en cualquiera de sus dos extremos limita el desarrollo.

Por supuesto, reducir la educación a su función económica sería otro error. Educar también significa formar ciudadanos, ampliar libertades, transmitir cultura y ofrecer herramientas para participar críticamente en la sociedad. Es un derecho y un bien público. Pero reconocer esa dimensión más amplia no obliga a ignorar que una parte esencial de la movilidad social depende de la posibilidad de convertir conocimientos y competencias en empleos productivos y bien remunerados.

Los resultados de PISA deben provocar una revisión profunda del sistema educativo dominicano. Pero sería insuficiente concluir que todo se resolverá dentro de las aulas. También debemos preguntarnos qué aparato productivo estamos construyendo, qué capacidades demanda, cuánto las remunera y qué oportunidades ofrece a quienes realizan el esfuerzo de formarse.
La respuesta a la pregunta inicial, entonces, no es “educación para las fuerzas productivas” o “fuerzas productivas para la educación”. Son ambas. La República Dominicana necesita mejor educación para transformar su economía y, al mismo tiempo, una economía más compleja y productiva que haga social y económicamente rentable estudiar, especializarse, investigar e innovar. Solo cuando esas dos transformaciones avancen juntas podremos convertir el crecimiento en productividad sostenida, mejores salarios y verdadero desarrollo.

  • El autor es economista, Ph.D.

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