Opiniones

A Macorís del Mar

Por JULIO RAVELO ASTACIO

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Esta provincia ha sido cantera fértil donde surgieron figuras de la talla de Pedro Mir, Domínguez Charro, Fernando y Rafael Deligne, Evangelina Rodríguez (primera mujer médico del país), Niní Cáffaro, Federico Bermúdez, Mario de Jesús Báez (compositor y editor musical destacado), Víctor Villegas, Carmen Natalia, Federico Díaz Ordoñez, René del Risco (padre e hijo), Federico Jovine Bermúdez, entre otros.

Durante décadas San Pedro estuvo atravesada de este a oeste por la vía férrea o los rieles. Por ella se desplazaban las “máquinas” o locomotoras que arrastraban decenas de vagones cargados de caña y tanques de melaza hacia el puerto, desde los ingenios Santa Fe y Porvenir. Donde hoy está ubicada la filial de la Junta Central Electoral existía un parquecito muy acogedor; al cruzar la calle, hacia el sur, estaba la bomba de gasolina de los Saleme.

Descendían los rieles hasta llegar a la av. Independencia, la agencia Amengual del lado derecho y la licorería Pedro Justo Carrión a la izquierda, delimitaban el espacio por donde corría el tren, que, atravesando casi todo el centro de la ciudad se desplazaba por la calle de los rieles perturbando con su singular ruido El Guaraguao y parte del barrio Miramar, incluyendo la esquina del bar “El Moreno”, codeándose con el Hosp. Dr. Carl Theodore Georg, hasta arribar a los depósitos justo en las laderas del río Higuamo.

El paso del tren era un espectáculo, todos se detenían: los chicos que iban a escuelas y colegios, quienes iban a sus trabajos o compromisos, los escasos vehículos que por esos tiempos transitaban, los coches, carretillas ¡Pare, que viene el tren! Este aviso se anunciaba con el sonar de unas campanillas que, según necesidad, era sustituido por un fuerte silbato, así se conocía y cumplía con este aviso.

Recordemos algunos lugares que hace más de medio siglo ya existían: El parque Duarte, ubicado en la que fuera la parte céntrica de la ciudad para ese entonces. Lugar de encuentros, retretas y conciertos, de tomar un buen frío-frío luego de una larga caminata: desfile escolar, prácticas deportivas, entre otras. Cubierto de árboles, en especial caobas, daban un respiro al calor que en San Pedro siempre hemos tenido.

El hotel restaurant Apolo, de Ramón Con-Woo, ubicado al norte del parque. Era lugar exquisito, prácticamente único para una buena comida o un estimulante encuentro, aparte de ello fue de los tres primeros locales que en San Pedro tenían aire acondicionado. Ramón y Joaquín, parte de sus hijos ayudaban en la parte administrativa del negocio.

El lado sur del parque, salvo la esquina en que funcionaba un colmado, lo ocupaba el reconocido “Club 2 de Julio”, grandes fiestas y suntuosas celebraciones ocurrieron allí donde asistían los sectores económicamente más pudientes de la sociedad macorisana.

Siguiendo el parque como nuestro punto de referencia, en el lado este, se encontraba el bar Casa Blanca de la familia del amigo Johnny Cheas, muy próximo una pequeña bomba de gasolina, de las pocas que existían, luego viene un espacio bien conocido “Pasteles Amable”, de alta demanda y referencia nacional. En el lado oeste una tienda de telas, una barbería donde se cuenta que “Tolentino escuchó decir “lo bueno que resultaba el AlkaSeltzer con agua para los problemas digestivos” y él, sin precisar detalles, introdujo la tableta en su boca, luego tomó el vaso de agua, las burbujas le salieron hasta por las orejas, y todos, menos él, claro, se murieron de la risa por dicha ocurrencia”.

Prometo a mis queridos lectores continuar con otros detalles de esta revisión retrospectiva de nuestro Macorís del Mar.

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