
De imperios y lacayos
Por NARCISO ISA CONDE
Donald Trump no es un simple loco, ni un elemental sinvergüenza.
Trump, y su ya dividida nueva derecha conservadora (MAGA), son expresiones degeneradas y degradadas de una de las facciones políticas estadounidenses dependientes o asociadas a sus pervertidas elites capitalistas.
Trump es la punta de lanza temporal de la facción de la oligarquía capitalista estadounidense que decidió ingresar a la llamada clase política criticando la degradación de su desacreditado establecimiento tradicional, y asaltando y controlando a la vez la partidocracia republicana y gran parte del electorado del sistema bipartidista de esa superpotencia.
Ese objetable rol – determinado por los asuntos sucios a que obliga la brutal resistencia imperial a su caída- recae en individualidades en extremo egocéntricas, insertadas en una de las variantes de la sociopatía política.
Recae actualmente en tipos como Trump y otros especímenes de la encumbrada fauna del Club Epstein.
La pedofilia, los vínculos con el cartel de Sinaloa, los infanticidios y las orgías en Mar a Lago y en ciertas islas paradisíacas –develados hasta por el FBI- son aberraciones derivadas de la perversión del poder establecido en EEUU.
Estas son manifestaciones de los procesos degenerativos de plutocracias disfrazadas de democracia, combinadas con elites políticas, económicas y militares, en las que el poder ilimitado del dinero y perversas banalidades se mezclan con nuevas modalidades de fascismo.
Que Trump y sus compinches, J.D. Vance, Marco Rubio y Pete Hegseth …procuren recuperar a sangre y fuego su deteriorado dominio y su putrefacto boato, es propio de la esencia de su poder, ya degradado y decadente. Ninguna corte imperial sede voluntariamente y pacíficamente su reinado.
Pero peor que eso es plegarse dócilmente a sus nefastos designios, servirle sin sonrojos a sus brutales designios y a los espurios intereses del poder profundo de su imperio en declive brutal. Peor es contribuir a sus crímenes de lesa humanidad.
Y es esa la actitud de Luis Abinader y otros gobernantes conservadores y entreguistas del continente y del planeta, totalmente subordinados a la estrategia criminal de seguridad nacional de EEUU y a las fechorías mundiales de su gobierno neofascista.
Todos asociados a Marco Rubio, al Pentágono y al sionismo israelí; cediendo la Base Militar de San isidro y el Aeropuerto de Las Américas a la fuerza aérea estadounidense para invadir militarmente a Venezuela y a otros países fuera del control de EE. UU.
Todos atados al palo podrido de un imperio decadente y genocida y de espalda al Sur Global e insumiso y al nuevo orden mundial en gestación.
Ciertamente es peor ser vasallo, a ser hegemón en desgracia. Es más vergonzoso.




