
Día de la Tierra: entre el clamor global y las heridas abiertas de la minería en San Juan
Por CLARA E. MARTINEZ FERNANDEZ
(De visita de trabajo y amistad en San Juan de la Maguana)
SAN JUAN DE LA MAGUANA.– Cada 22 de abril, el mundo conmemora el Día Internacional de la Madre Tierra, una fecha que más que celebración, se ha convertido en un llamado urgente. La Tierra —cada vez más caliente, más contaminada y más explotada— parece hablar en el lenguaje de las catástrofes: océanos saturados de plásticos, eventos climáticos extremos, incendios forestales, sequías prolongadas e inundaciones que golpean a millones de personas en todos los continentes.
La ciencia ha sido clara: el cambio climático y la degradación ambiental tienen un origen profundamente humano. La deforestación, el cambio de uso del suelo, la agricultura intensiva, el comercio ilegal de especies y la sobreexplotación de recursos naturales han acelerado un proceso de deterioro que amenaza la biodiversidad y la propia supervivencia de la vida tal como la conocemos.
Pero mientras el mundo discute soluciones globales, en la República Dominicana el debate adquiere rostro propio, especialmente en la provincia de San Juan de la Maguana, donde comunidades enteras viven bajo la sombra de la minería metálica.
Allí, en la zona de Los Romeros, el proyecto de exploración de la empresa GoldQuest Mining Corp. ha encendido una de las mayores controversias socioambientales de los últimos años. Para muchos residentes, organizaciones sociales, religiosas y ambientalistas la posible explotación minera representa una amenaza directa a las fuentes de agua, a la vocación agrícola del valle y al equilibrio ecológico de la región.
San Juan, conocida como el “granero del sur”, depende de sus ríos y suelos fértiles. La minería a cielo abierto —según advierten expertos— implica remoción masiva de tierra, uso de sustancias químicas y riesgos de contaminación de acuíferos. En una provincia donde el agua es vida, cualquier alteración del ciclo hídrico genera temor y resistencia.
“Sin agua no hay agricultura, y sin agricultura no hay San Juan”, repiten campesinos que han convertido la defensa del territorio en una causa colectiva. Las protestas, vigilias y jornadas de concienciación se han intensificado en los últimos años, al tiempo que crece el debate nacional sobre el modelo de desarrollo que debe seguir el país.
La situación de San Juan no es aislada. En distintas regiones de la República Dominicana, la expansión de proyectos extractivos plantea interrogantes sobre los límites entre crecimiento económico y sostenibilidad ambiental. ¿Puede un país pequeño, vulnerable al cambio climático, apostar por actividades de alto impacto ecológico sin comprometer su futuro?
El Día de la Tierra llega, así, con una carga simbólica particular. No se trata solo de un discurso global, sino de decisiones concretas que afectan comunidades específicas. La restauración de los ecosistemas, como advierten organismos internacionales, es clave para combatir la pobreza, frenar el calentamiento global y evitar una extinción masiva.
Los ecosistemas sostienen todas las formas de vida. De su salud depende la nuestra. Restaurarlos no es una opción, sino una necesidad urgente.
Hoy, más que nunca, la Madre Tierra parece exigir un cambio de rumbo: hacia una economía sostenible, que armonice el desarrollo con la protección ambiental; hacia políticas públicas que prioricen el agua, la biodiversidad y la vida; hacia una ciudadanía activa que defienda su entorno.
Desde San Juan de la Maguana hasta cualquier rincón del planeta, el mensaje es el mismo: no hay futuro posible sin respeto por la Tierra. La pregunta ya no es si debemos actuar, sino cuánto tiempo más podemos permitirnos esperar.




