
El insomnio de Macondo nos invade y roba la identidad
Por EMILIA SANTOS FRIAS
En nuestra actual vida en sociedad estamos repitiendo errores, pecados capitales, guerras, amores imposibles…, somos generaciones distintas pero idénticas…, es como si el destino se repite. Familias con patrones idénticos en la descendencia; los mismos miedos, historias parentales, heridas…
Hace rato que comenzamos a perder el vínculo con lo importante, el para qué de las cosas, como diría el conferencista Yosvany R. García Corpas, gestor financiero estratégico, que analiza el desarrollo personal y la libertad financiera vinculando la inteligencia emocional y la espiritualidad, a quien recomiendo seguir en sus redes sociales.
Él, autor de El Dreamer: #YoTambienSoyInmigrante, La esclavitud mutante y el silencio de la fe, El Secreto no era el dinero…, habla del insomnio actual. Me permito agregar, autoinducido, que nos está llevando al desapego de la familia, valores, intereses y metas nacionales…, aspectos Sine qua non para obtener bienestar colectivo en la vida en sociedad.
El experto, nos recuerda la peste del insomnio ocurrida en el Macondo ficticio de Gabriel García Márquez en Cien años de soledad. Esa enfermedad que borra recuerdos, y que parece estar presente en la sociedad actual, donde poco importa lo que hacen grande a un ser humano: valores, normas de convivencia, calidad moral, compasión, bondad, humildad, autenticidad, integridad. En fin, es una patología que impide la búsqueda del bienestar grupal, desde la resiliencia y el amor real; ese que brinca más allá de lo material.
Considera que el éxito visible, que hoy en todo el mundo se busca a todo pulmón, está arruinando a más personas que el propio fracaso. “Los likes, aplausos, el reconocimiento antes de terminar de crecer…, congela, impide que la gente se mueva y les hace repetir los mismos patrones hasta paralizarle, y si, el fracaso duele, pero te obliga a revisar, a confrontarte, te enseña algo. Vale más que el éxito que te convence de que ya lo sabes todo”.
El insomnio de Macondo, ha sido reproducido con fuerza en nuestra región, presentado de forma inocente, y justo eso ha aprovechado, que lo tomemos como manso, para así borrar nuestra memoria, los recuerdos de infancia…, hasta la propia identidad. ¿Le hace sentido? Veamos el comportamiento social, las acciones, interacciones que ejercitamos diariamente. Si hacemos un ejercicio serio, veremos que la violencia nos arropa, se incrementa, incluida la realizada en vía la pública. Verbigracia: Haití, Ecuador, Brasil, Venezuela, México y Colombia.
Asimismo, nuestra República Dominicana enfrenta desafíos que engloba violencia pública y ciudadana, la mitigación de asaltos a mano armada, alta incidencia de violencia intrafamiliar y de género, preservación de la seguridad de los espacios públicos y bajar la percepción de inseguridad en la población. La reciente muerte de Deivy Carlos Abreu Quezada, chofer de un camión recolector de residuos sólidos en la provincia Santiago de los Caballeros, quien previamente sufrió persecución por parte de una tuba de motoconchistas que logró alcanzarle y posteriormente tomar su vida, es ejemplo concreto de que en nuestra sociedad se permite el Laissez-faire de los antivalores.
Estos se han adueñado de todo el aparato productivo, educativo y cultural de nuestros Estados, y como consecuencia pagamos altos intereses: mayor nivel de delincuencia, violencia de género, intrafamiliar y juvenil, un problema de salud pública. Abusos a envejecientes, maltrato físico, psicológico y económico hacia adultos mayores. Violencia institucional…, vulneración de derechos fundamentales.
Lastimosamente no poseemos la máquina de la memoria del atormentado patriarca José Arcadio Buendía, para intentar retenerla. Hemos permitido que nos mantengan en un aislamiento total, entretenidos en el pan y circo de Juvenal, paradójicamente, viviendo el siglo XXI, denominado la Era de la Tecnología y la Sociedad, donde, la unión entre los seres humanos cada vez es más exigua.
“…un fenómeno complejo y contradictorio, caracterizado por una mayor interconexión digital simultánea a una profunda fragmentación social y política. Si bien la tecnología permite una comunicación global inmediata, persisten y aumentan las desigualdades estructurales, lo que cuestiona la verdadera unión de la humanidad”. Resaltan tecnólogos.
Si no fortalecemos la educación desde la primera infancia, en la familia, a nivel de la administración pública, academias…, en fin desde los espacios simbólicos sociales, desafortunadamente, como en Macondo, el destino final será el olvido absoluto de los aspectos que indican bien hacer, del ejercicio de una conducta ética, de acciones positivas, de utilidad individual y colectiva. No sigamos permitiendo que malas prácticas sistémicas; carencias educativas, afectivas; mal contenido informativo; antivalores, machismo estructural, la corrupción…, borre nuestra memoria histórica y de alto valor.
Por fortuna, Melquíades es solo un personaje ficticio, y no somos la familia Buendía de Macondo. Podemos ser nuestros propios sabios gitanos, capaces de cambiar esta realidad para dejar de sufrir las tragedias que nos trajo este siglo, donde el ser humano apuesta más a satisfacer su ego, que a la búsqueda del bien generalizado. ¿Es falacia? Tenemos millares de oportunidades en la tierra, y seguir avanzando es una de ellas. Necesario es entonces recobrar la cordura para alcanzar vivir con bienestar, con libertad. iSer feliz es posible!
Hasta la próxima entrega.
- La autora Es educadora, periodista, abogada y locutora; reside en Santo Domingo. E-MAIL: santosemili@gmail.com




