Opiniones

El saqueo continúa

Por EMMANUEL ABREU REYES

El Estado dominicano —y con él, el pueblo— ha sido tratado históricamente como un botín inagotable, una mina de venas permanentes abiertas al saqueo de políticos y empresarios. La historia reciente de los procesos por corrupción en los gobiernos del PLD lo confirma: acusados que devuelven una fracción mínima de lo robado y luego disfrutan impunemente del resto.

El esquema no se limita a la Procuraduría ni a las instituciones más señaladas. En sectores estratégicos como la electricidad e inmigración, las denuncias apuntan a las mismas prácticas de corrupción y sobrevaluación.

El programa de televisión La Quinta Pata, reconocido por su seriedad, entrevistó recientemente al abogado Remberto Pichardo, quien advirtió que algo similar ocurre en el transporte público. La denuncia alcanza incluso a las negociaciones con empresas francesas que, en contubernio con empresarios dominicanos, han impuesto licitaciones amañadas con ganadores previamente seleccionados.

Un ejemplo contundente: En la construcción de las primeras vías del tren se comprobó una sobrevaluación de 1.1 millones de dólares. Y la historia se repite. La empresa Alstom —vinculada a figuras como Macarrulla, los Vicini y empresarios de Santiago— aparece ahora entre las beneficiarias del proyecto del monorriel.

Lo ocurrido con esta obra ilustra la magnitud del saqueo. En 2023, se anunció un costo estimado de 700 millones de dólares para el tramo que conectaría el Estadio Olímpico con el Aeropuerto Las Américas. Hoy, apenas dos años después, el monto supera los 4 mil millones de dólares.

El patrón es el mismo, sin importar el partido en el poder: licitaciones dirigidas, obras sobrevaluadas y un pueblo que paga la factura de una infamia reiterada.

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