
Infraestructura agrietada
CATALEJO
Por ANULFO MATEO PEREZ
La República Dominicana parece transitar sobre un puente cuyas columnas comienzan a resquebrajarse. No se trata solo de la economía, sino del deterioro de las instituciones y de la confianza ciudadana en la llamada partidocracia tradicional en declive definitivo.
Carlos Marx sostenía que la superestructura agrupa todas las instituciones y formas de conciencia social. Incluye el Estado, las leyes, la religión, el arte y la educación. Sin embargo, esta superestructura no es independiente: está determinada por la base económica o infraestructura de la sociedad.
Esa superestructura está integrada por las leyes, la justicia, la política, la educación y los demás órganos que expresan la ideología dominante y garantizan el funcionamiento del sistema.
Cuando la base económica pierde equilibrio, las grietas ascienden hasta las instituciones. Entonces aparecen la incertidumbre, el descrédito y el debilitamiento del poder público. En la República Dominicana abundan señales preocupantes.
El alto costo de la vida, la desigualdad, la inseguridad y la desconfianza alimentan un clima de creciente inconformidad social. A ello se suman enfrentamientos políticos permanentes, escasa capacidad para alcanzar consensos y una ciudadanía cada vez más distante de quienes administran el Estado.
Las crisis no estallan de un día para otro. Se incuban lentamente mientras se acumulan problemas ignorados por quienes creen que la estabilidad puede sostenerse únicamente con discursos optimistas.
La historia enseña que ninguna sociedad permanece firme cuando infraestructura y superestructura se agrietan al mismo tiempo. Repararlas exige voluntad política, justicia social y respeto institucional antes de que las fisuras se conviertan en fracturas irreparables.




